lunes, 6 de marzo de 2017

EL EXITO

¿Deseas ser exitoso? Yo sí ¿y quién no? Es una palabra bastante seductora. Pero ¿qué es el éxito?
¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza? Fama, fortuna, popularidad, que ya parece un cliché.  Si nos vamos a su significado, sería “salida” o “resultado”. Éxito es simplemente el punto de convergencia donde te encuentras con tu deseo.

Entonces, ¿Cuántos deseos tienes durante el día, ya no digas en tu vida? De todos esos que pensaste y le diste un poco de atención y seguimiento, ¿cuántos lograste? Te aseguro que más de los que creías. ¿A donde quiero llegar con todo esto? A dos cosas que considero importantes, Primero: que te des cuenta que la mayoría somos personas de éxito, que no es una cualidad extraña ni  escasa en nuestra vida, por muy común que te parezca la tuya. Segundo: anudado a lo primero, tal vez estemos ponderando erróneamente qué es el éxito para nosotros.

Esto es el punto, vivimos en una sociedad educada para ser iguales, pero no hay nada más anti-natural que eso.  Tanto en casa como en el colegio se espera de nosotros, conductas, actitudes y aptitudes generales, pero nada personal. Hay un modelo de hija o hijo, un modelo de familia, un modelo de estudiante, y podemos enumerar muchos modelos más; que la mayoría no encaja en el molde o lo hace con graves consecuencias. Entre los principales damnificados, estará tu autoestima. Si somos únicos e irrepetibles entre tantos millones de personas en el mundo, no te has preguntado ¿por qué existen tan pocas pautas a seguir? Es tan loco como pensar que siendo morena fuera fracasada por no ser rubia o pelirroja, claro dirás es imposible, bueno, pasa lo mismo con otras características, como los talentos. Todos tenemos nuestras propias combinaciones de talentos, nadie está exento de ellos, algunos tendrán más,  otros menos, pero muchos de los que o se consideran, son porque no se han desarrollado y muchas veces ni siquiera, descubierto.

Considero que la educación debería ser personalizada, pero aún cuando hay muchas corrientes que aplican en algunos colegios, terminan adaptándose al programa para que le den la validez oficial, terminando en más de lo mismo, con un poco de variedad.

Pues bien, sales del colegio, con una clara idea de qué quieres en la vida (igualito que lo que quiere la mayoría, no es casualidad), pero a llegar a una época de madurez, casi la mayoría también, están gravemente insatisfechos, sin exagerar. Digan lo que digan, las personas felices y realizadas se les nota desde lejos; generalmente son saludables, están en su peso, su actitud es agradable, no se quejan de su trabajo, marido, esposa, jefe. Y muy probablemente no son famosos ni ricos o no salen en revistas. Se podría decir que han conseguido una vida exitosa. No quiero decir con esto, que corras a hacer lo que hacen ellos, porque caeríamos en la misma historia de seguir un modelo.

¿Por qué caemos en desear cosas que no queremos? Podemos armar muchas teorías, pero en mi personal opinión, es que no nos conocemos. Nos dejamos llenar de in-formaciones externas, nos dedicamos la mayor parte del tiempo en complacer a los demás, para demostrar erróneamente afectos o una “buena” conducta; aplicando un exceso de “sacrificio” porque se nos ha dicho que eso es muy bueno. Que en algún momento nos volvemos en autómatas, hacemos todo por rutina o porque lo es lo “que se debe”, lo que se espera de nosotros. Si lo analizamos desde el punto de vista económico, de salud, de ambiente ya sea de trabajo, familiar o de pareja.  Siempre es más caro, menos productivo, más cansado, ir contra tu propia corriente.

Más sin embargo,  lo que hace feliz a una persona es hacer lo que más le gusta, eso genera en ella endorfinas igual que cuando se está enamorado, mejorando su humor. Por ende no estará estresada por no querer ir a hacer lo que hace, probablemente se le vaya el tiempo como agua, dedicará su tiempo con gusto, y sin que alguien le ofrezca un premio, tratará de hacerlo cada vez mejor. Suena a que encontró su propio éxito.

 ¿Y tú ya sabes que te hace feliz de esa manera?




jueves, 2 de febrero de 2017

¿Existe el amor verdadero?

Empezaremos  por definir qué es  el amor,  casi todos entendemos que es un sentimiento fuerte, “involuntario”, que nos provoca hacia otras personas, con las cuales queremos mantener una relación, que se experimenta de diferentes maneras e intenciones según el tipo de relación que estemos estableciendo; filial, empresarial, fraternal, o de pareja.  Por lo general alberga emociones que nos hacen sentir bien,  al menos en un plano idóneo. Vamos a enfocarnos en la relación de pareja amorosa.

¿Estás preparado para enamorarte?

Supongo que tu respuesta es no, si qué crees que no hay que prepararse, ya que   siempre nos han dicho  que: “al corazón no se le manda”,  o dirás que sí, por el hecho de desear estar en pareja, y ya con eso basta. Precisamente aquí está la base en la que fundamos nuestra importantísima estructura de relación: en ideas.  Si vas a comprar un carro, elegir una escuela, incluso decidirte por un platillo ante un menú, requiere que hagas un juicio al menos, donde descartas muchas opciones y te quedas con la que te parece mejor ¿verdad? Y depende de la importancia, hasta días te toma, investigaciones incluso.  ¿Por qué para elegir un compañero(a) de vida, no lo haces así?

A nuestra defensa dirás que es imprevisto, inevitable. En mi opinión, te diré que creo que no. Desde pequeños tenemos un aprendizaje diario al respecto con la familia que vivimos, eso nos va haciendo que vayamos coleccionando ideas de qué y que  no, queremos en nuestra pareja,  repetimos patrones de noviazgos, largos, cortos, muchos, pocos incluso nos programamos para las edades de formalizar esa unión, parecidas a la familia en que crecimos. Vamos adquiriendo pautas con las que   creamos un ideal, que reforzamos con la información  que tengamos a la mano de revistas, novelas, películas, donde el amor, es totalmente idealizado en prototipos de relaciones. Que se dan al azar, si eres feliz con lo que te tocó es porque tuviste suerte y si no pasarás más de una decepción, porque quién llegó no era la persona correcta, seguro Cupido tenía los ojos tapados cuando te tocó.

Primer error, no hay persona correcta, con esto te puedo ahorrar una serie de “malas” relaciones,  si así las quieres ver.   ¿Has escuchado sobre la Ley de la Atracción? Bueno,  de eso que llamamos enamoramiento esta regido por  esa Ley, a la que estamos sujetos, no importa si la desconocemos o no. Es como la gravedad, que su aplicación es inherente, la entiendas o no.   Esta Ley dice similar atrae similar, lo que esté en tu misma frecuencia de vibración,    vas a atraer a la persona más adecuada para el momento evolutivo en que te encuentres. Te darás cuenta de esto por la diferencia de parejas que has tenido, si todas son iguales, entonces no has crecido nada desde la primera, o verás tu crecimiento porque cada una será mejor que la anterior.

También influye el desde dónde buscas emparejarte, si lo haces porque te sientes solo(a), porque todas tus amistades ya tienen pareja, porque ya “deberías” tener, o cualquier justificación que se le parezca, lo estás haciendo desde una necesidad, o sea que tú llegarás a esa relación, para exigir, para que te den, para que te llenen. Generalmente esas necesidades nunca son satisfechas, aunque la otra persona se medio mate por complacerte.  O reforzará eso que te hace sentir menos, soledad, abandono y que igualmente te parecerá un fracaso.

 Alguna vez te has preguntado ¿qué hacen esas parejas, que sí son felices?  Pues allí está el “secreto” de su “suerte”.  HACEN con mayúsculas y en plural, generalmente es el encuentro de dos personas que no se unen  para ver qué reciben, ambas aportan a esa pareja que forman, porque les es importante la relación que tienen. Pero no se llega a este punto, porque ellos son “especiales”, son personas como tú o como yo, que ya pasaron el proceso de auto reconocimiento cada uno por su lado,  donde se han aceptado y conocido lo suficiente, donde ya no buscan que los completen,  porque se encontraron a sí mismos, están plenos. Por lo tanto llegan a formar una pareja para compartir lo que ya son.  Que no es ni más ni menos, que eso que llaman amarse así mismo.

Cuando una persona se sabe amar, se acepta tal como es, por lo tanto no necesita que alguien se la pase levantándole la estima todos los días, tampoco que le reconozcan lo que haga para sentirse valorada, no necesita que la vean todo el tiempo para no sentirse abandonada, está segura de lo quiere o no, por lo tanto sabe poner y ponerse límites. Una personita así, cuando ya está en ese punto, puede negociar, llegar a acuerdos, sin miedo a perder, porque sabe que  no está en una batalla.

El amor como empresa

Un noviazgo o un matrimonio, según sea el caso, siempre me ha parecido bien compararlo con una empresa, aquí hay dos socios, con intereses comunes, de los cuales ambos se encargarán de mantener y crecer, cada uno con el rol o tarea asignada.  Como las empresas mismas, hay las que inician bien, tienen éxito y luego caen en bancarrota; otras que siempre están llenas de problemas que nadie sabe cómo se mantienen vivas y las que crecen y crecen y crecen.  Todo depende si los socios se mantienen con los mismos intereses, hacen los cambios adecuados cuando lo necesitan, invierten para crecer, tienen juntas directivas para ponerse de acuerdo con las ideas nuevas que tengan, y mantienen los valores con los que se fundaron. Pienso yo que así, depende del empeño, trabajo, interés le inviertan. 


sábado, 28 de enero de 2017

!Que éste sea tu año!

Deseo de todo corazón que éste sea mi año, y el tuyo  ¡también!, por allí se dice que con la intención basta, pero mi experiencia  me confirmado lo contrario, tal vez en personas muy disciplinadas, pueda suceder, pero seguro, no en mi caso y si tú eres como yo, y la mayoría de la población;  tal vez empecemos por hacer algo diferente este año, para qué al final termine con otro saldo.
“Si quieres resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”
Albert Einstein.

 Año con año, caí en lo que hace la mayoría, con una lista general, tal vez sólo verbal (pensada en el momento que tenía las uvas en la mano)  o si me había tomado la molestia de escribirla, olvidada en algún cajón o dentro de un libro; mi año iniciaría con gran entusiasmo pero nada más,  sin  tomar riendas del camino por donde iba, o presa de mis ocurrencias momentáneas,  no sé si me entiendas, el destino, o como le quieras llamar, la iba dirigiendo, pero no siempre teníamos los mismos objetivos, para mi desgracia. Y ¡éste es el punto! Yo creía en un destino pre-escrito, una suerte buena o mala que estaba fuera de mi alcance,  a lo cual yo tendría que sumisamente (porque no me quedaba de otra) aceptar lo que llegara.

Así que decidí hacer algo diferente, hice un borrador de más o menos qué quiero, al llegar al fin de año, reuní en una lista de deseos incumplidos, proyectos inconclusos o fracasados, que corregí hasta que no me acordé de nada faltante, la leí y la rompí dando por cerrado todos esos ciclos no concluidos. Hice una limpieza mental, para que no me estorbara.  Empecé a investigar a algunas personas exitosas, consejos de aquí y de allá, para escoger lo que se adapta a mis necesidades y empezar.


¿Por qué no se logran las metas?

Según las estadísticas, el 80 por ciento de las personas no logra lo que se propone, después de unos días se empieza a perder el entusiasmo, la motivación y termina con un sentimiento de fracaso, que se traducirá más adelante como una meta imposible.

“No hay metas imposibles, sólo metas improbables”

Primero lo importante es tener claro qué deseamos iniciar o cambiar, el  para qué queremos hacerlo, esto es lo más importante, porque si tu objetivo es porque quieres agradar a alguien, para tener aprobación de otros, porque alguien te lo pida, es muy probable que termine perdiéndose la motivación al no ser propia.

No tener un plan o estrategia, es un pase  directo al fracaso. Si no tenemos claro de qué manera vamos a lograrlo. Nos ganaría la indisciplina y la falta de constancia.

Fecha de inicio y finalización. Si tú no pones por escrito cuándo vas a empezar y en qué tiempo o fecha quieres lograrlo. Puedes sabotear fácilmente el objetivo, dándole largas para iniciarlo, con justificaciones que te van a sobrar. Donde tenemos claramente una falta de compromiso, porque tu intención de lograrlo es muy débil y/o porque inconscientemente tienes miedo a triunfar o fracasar, si te está pasando algo parecido, convendría que te preguntaras, ¿qué ocurriría si lo lograras o si fracasaras? Y pudieras así, saber a qué te enfrentas para poder darle una respuesta, si quieres conseguir tu deseo.

“La mejor manera de lograr algo, es dejar de hablar de ello y empezar a hacerlo”
Walt Disney.

Iniciemos…De todo lo que vi y leí, elegí lo que me pareció mejor, más fácil y cómodo para lo que quiero lograr, incluso revisé algunas apps, que me parecieron muy buenas, pero que no se ajustaban a mi proyecto, pero igual puedes apoyarte con alguna si te parece más conveniente.

Hagamos la lista, recomiendo que sean varias por áreas, como salud, familia, trabajo y dinero, social o las qué necesites,  para que puedas enfocarte mejor,  revísalas hasta tener objetivos claros y definidos, recuerda pasarlos  por el filtro de la pregunta ¿para qué? lo siguiente será hacer un orden de prioridades, para que tu lista tenga una lógica adecuada, puede ser que algunas de las metas sean previas a otras, algunas pueden tener conflictos de interàs o te sean más fáciles de iniciar, otras tienen tiempos específicos como las vacaciones en alguna fecha designada, en fin, invierte el tiempo que necesites, con miras a que puedes ir modificando de acuerdo a como vaya evolucionando el proceso.

Una vez confeccionada, vamos a introducirla a la vida que ya tienes, acuérdate que somos animales de hábitos, así que llego el momento de revisarnos y tomar decisiones. Haz reseña de tus hábitos hasta hoy, qué haces desde que te levantas todos los días, lo más detallada posible, y si uno de tus objetivos tiene que ver con la dieta, también agrega tus hábitos alimenticios. Esto es muy importante, porque para introducir un hábito nuevo, algún otro tendrá que salir o modificarse. Con el mapa de tu vida en la mano, es el momento de tomar decisiones, te darás cuenta qué cosas no son negociables, cuales puedes modificar o puedes prescindir de ellas sin mayor esfuerzo, compara lo que quieres con lo que has estado haciendo, te darás cuenta que tendrás que hacer canje en algunos hábitos, algunos incluso  te pueden servir de apoyo para otros.  Tienes que hacer un nuevo horario, que parta de todo lo que sabes que haces, e intercalar lo nuevo, porque alguna de tus metas la tendrás que efectuar puntualmente en cierto momento del día, que si no se hace, después ya no lo podrás lograr y sería un día perdido. Con esto evitarás situaciones imprevistas que te alejen de lo que quieres.

Elige qué metas son sólo implementación de nuevos hábitos, empieza por acomodarlas en los horarios o actividades que ya conoces de tu lista de hábitos viejos.  Tendrás de antemano dónde va a ser más fácil ponerlos para lograrlo.

Las que son un adonde quieres llegar, divídelo en varias metas, por ejemplo, si deseas tener un peso específico para una fecha, divide el tiempo y asigna un plan por  etapa, al tenerlo seccionado, y si tu objetivo es grande, no te sentirás en estrés por ver la meta muy lejana, te enfocarás en la de tu primera etapa y así consecutivamente, cada que tengas un logro de llegada a un punto, prémiate, irás ganando confianza en ti.  Otra cosa, hazlo de la manera en que más te guste, no elijas actividades, que de entrada te disgustan, porque será doblemente difícil. Si se trata de hacer ejercicios, busca el que más te agrade, todos son buenos, pero el ideal es el que te gusta a ti. Igual si es leer, no empieces por lecturas difíciles, mejor busca temas de tu interés.

Al tener frente a ti, como hayas diseñado tu proyecto y el camino para llegar a lograrlo, será mucho más fácil. Lo podrás revisar, modificarlo cuando  consideres, mantenlo donde lo veas todos los días.  Apóyate en las personas que sean afines a tus objetivos y evita las que no lo sean, puede parecer lógico, pero no se le da la importancia necesaria y es una manera de sabotearte inconscientemente. No lo olvides, mantenerte enfocado en el objetivo y su intención. ¡Éxito!


sábado, 31 de diciembre de 2016

REALMENTE EMPIEZAS UN AÑO NUEVO?

Llegó el mes de Diciembre con todo lo que acarrea siempre: compras, reuniones, regalos, celebraciones, trasnochos, comilonas, etc. El estrés de las compras de último momento, sentimientos de culpa por comer demás, por no poder partirte en mil pedazos para estar en dos o más lugares a la vez. Independientemente de tu credo o costumbres para estas fechas, es casi imposible que no participes de manera activa o pasiva en ellas.
     El mes, se va prácticamente como agua, y del córrele de un compromiso a otro, pendientes por terminar, llegas a la cena de fin de año, con las uvas en la mano, o con lo que acostumbres iniciar el año, en un parpadeo. Te comes las uvas, pensando en uno o dos deseos, porque no te acuerdas de más y terminas como todos, pidiendo, cosas abstractas como salud, felicidad, paz, prosperidad, etc.  Total, no siempre nos han dicho que con salud basta, como ¿para qué pediríamos más?
      Dentro de todo este maremágnum, ¿Realmente empezamos un año nuevo? El calendario nos dice que sí, pero, ¿Es tu inicio de año, algo nuevo, en algún plano, más allá de cambiar de agenda? ¿O sólo es una continuación de año anterior? Muy probablemente sí, nos ocurre a la mayoría de las personas (al menos las que conozco de cerca), por dos razones importantes, una es porque no nos ponemos metas congruentes, o son más de lo mismo o algo fuera de nuestro alcance (no porque realmente sean imposibles) pero totalmente improbables sin un plan; la otra que no cerramos ciclos, dejamos cosas, relaciones, proyectos, empezados, mal terminados o inconclusos,  pensando que ya no tienen vida, porque los abandonamos o nos abandonaron. Incluso estoy segura que habrás escuchado, sobre vaciar las barricas del vino viejo, para meter el nuevo.  Pues he ahí, básicamente el motivo por el cual,  tus rituales de fin de año, no prosperan, terminan siendo simple superchería, como en años anteriores.
     Tanto para planificar nuestro próximo año, como para cerrar ciclos, que ya no deseemos mantener abiertos, se necesita un tiempo de reflexión, de consciencia para recapitular qué del año, que no terminamos, lo vamos a continuar, qué vamos a hacer crecer, qué vamos a dejar, para no empezar con cosas que nos distraigan de lo que realmente queremos. También para reconocer cuál es la falla o defecto que no pudimos corregir, que nos impidió lograr nuestras metas, para tener una estrategia y no volver a perder por la misma causa. Claro, esto aplica, si realmente le quieres dar seriedad para perseguir un objetivo. 
     Este tiempo de introspección, no es muy llamativo ni agradable para la mayoría de la gente, porque requiere de hacerse responsable de sí mismo, y mientras no se haga eso, es más fácil seguir echándole la culpa a alguien o algo, para justificar su mediocridad. Además de que no es un hábito común, y todo lo que queda fuera de nuestros acondicionamientos cotidianos, nos cuesta mucho adquirirlos, salvo con una férrea intención. Es muy parecido a limpiar y ordenar nuestra casa, tarea poco deseada, se deja para el final, se hace a medias, se prefiere que lo haga alguien más por nosotros; pero si organizamos nuestro entorno, es más fácil organizar nuestras ideas. Podemos empezar a sacar (como el vino viejo), todo, separar lo que todavía deseamos seguir utilizando, de lo que se necesita reemplazar, desechando lo que ya no queremos en nuestra vida o ya no le encontramos utilidad; logrando tener un espacio vacío donde podremos colocar lo nuevo, acuérdate que por una ley de física, dos cuerpos no pueden ocupar, el mismo espacio, en el mismo lugar. Y ésta ley  se aplica a sentimientos, objetos o personas. Si quieres una nueva relación, pero pasas recordando o hablando de la otra, para bien o para mal, es porque no la has soltado aún, y mientas estés enganchado allí, no llegará algo nuevo (acuérdate, el espacio en tus sentimientos está ocupado por alguien), así funciona con todo.
     Espero que si tu deseo es encontrarte con circunstancias nuevas el próximo año, aproveches unos minutos de las pocas horas que quedan para qué al pedir tus deseos, ya tengas el espacio suficiente para ellos. Deseándote lo mejor para el próximo ciclo.

     

lunes, 5 de diciembre de 2016

¿TENER SÓLO MADRE, BASTA?

Por razones de moda, cultura, etc., al menos en nuestro país, que es lo que conozco mayormente. La estructura familiar ha tenido cambios importantes en estas últimas décadas,  con la emancipación femenina, ha derivado en una nueva familia: la madre soltera con su(s) hijo(s), ya sea por rompimiento de una relación o porque nunca la hubo. Esta nueva estructura familiar, generalmente sólo cuenta con un rol, que no está del todo definido, como todo,  en este mundo de dualidad, se aprende por contraste, si no conociéramos la oscuridad, tampoco la luz.
        No por casualidad, es que, se necesite de un macho y una hembra para engendrar un hijo, independientemente de la especie que sea. Uno de los dos se encarga de la protección y buscar sustento, mientras que el otro de la alimentación y cuidados, en lo que  aprende a valerse por sí mismo. La  tarea de la que se encarga cada uno de los padres se le llama rol o función, es un trabajo de  colaboración, y ambos son igualmente importantes, como para suprimir uno de ellos.  Así que tenemos una función materna y otra paterna, que generalmente las desempeñan sus padres biológicos, ya hablando de los humanos exclusivamente.
       Tal vez en la época que le tocó vivir a nuestros bisabuelos y abuelos, era más fácil, los roles estaban perfectamente definidos y así se formaban las estructuras de los hijos sin ningún problema,  o eso se pensaba; cuando la mujer se dio cuenta que no era reconocida por la sociedad,  ni ella ni su importante función, empezó a desplazarse de su rol. Al incorporarse a una vida laboral fuera de casa, ésta función quedó en manos de una de las abuelas o ambas, o alguna nana; años más tarde, con el nuevo ritmo de vida, más ajetreado, más rápido, la crianza empezó a pasar a  guarderías,  centros infantiles, que le dan cuidados necesarios,  pero de ninguna manera ejercen un rol.
      
        Cuando me refiera a  la función o rol Materno, no me estaré refiriendo a la madre biológica como tal, ni en su caso al padre biológico cuando hable de la Paterna. Por lo general pensamos que se  acomoden así, pero al explicarlos, se darán cuenta que a veces están invertidos,  no pasa nada, siempre y cuando estén los dos. Pues bien, la  función Materna, es la que permite al niño identificarse con el mundo que le rodea, amarlo y por lo tanto apegarse, la función materna es siempre si o siempre no, gracias a ésta, aprende a tener un sentido de pertenencia,  obvio,  si sólo cuenta con este rol, se aferra, crea dependencias, se  queda en lo conocido, eso que llamamos nuestra  zona de confort, que en éste caso sería tan grande,  como la madre lo dejó crecer o sea, de acuerdo a las libertades y herramientas con que desarrolló.   Con ésta conoce el amor, todo se le da, si la mamá vuelca su atención en el niño; pero en el lado opuesto,  puede ser que sea una mamá de que no le permita nada o tenga una ausencia de la función materna, éste niño por supuesto no se va a identificar con nada ni nadie, tampoco aprenderá a amar lo que le rodea, no sentirá pertenencia ni lealtad a nada,  tendrá conflictos para adaptarse a la sociedad.
        Por allí de los 3 años que es lo que nos han marcado como el tiempo que el niño empieza a descubrirse como un ser aparte de su madre (si en los primeros años así se hizo) y  no ser la extensión de ella como lo ha sido en este tiempo;  el rol materno empieza a perder protagonismo,  entra en acción el papel paterno, el padre separara la madre del niño, empezando a enseñarle el desapego, primero de ella (equivaldría a su mundo conocido), a empezar a explorar el mundo,  con esto, entra en el psiquismo del niño, el no, con la prohibición, naciendo entonces el deseo, desear aquello que le es negado, que más adelante se convertirá en metas o propósitos.
         El rol  paterno, básicamente cumple  3 funciones, prohibición, protección e incentivación.  La prohibición está ligada a la protección, muchas veces es un sí con límites para cuidarlo,  el padre le marca  una dirección, él decide cuándo sí y cuándo no, con su idea de protección.  El padre no sólo le dirige, sino también  lo incentiva, dándole seguridad de que puedo lograr hacer algo más allá de lo conseguido, o sea, el salir de su zona de confort.
         Si cada quien cumplió su parte y el niño, realmente pudo rebasar las limitaciones que puso mamá con ayuda del padre, para después también trascender las del padre motivado por sus deseos. Será un adulto que con facilidad podrá dirigirse y llegar a donde quiera de forma sana. Una persona que no tiene la función paterna integrada, será fácilmente dependiente, de relaciones, cosas, sustancias; donde le será muy complicado desapegarse de ellas. No digo con esto,  que sea imposible, todo se puede aprender en esta vida con decisión, pero cuántas personas están atrapadas en una vida insatisfecha por ésta falta, que además,  lo ignoran.

        Traer un hijo al mundo, no sólo es resolver los pañales y la leche que usará, es muy importante la formación y después dejarlo crecer, para que sea un ciudadano con quien nos guste convivir. Al final, no siempre dicen que lo más importante es que sean felices.

domingo, 25 de septiembre de 2016

¿Tu nombre, es de éxito o fracaso?

Siempre me ha llamado la atención el significado de los nombres, me causa mucho pesar cuando escucho un nombre nuevo para mí, preguntarle al portador sobre su significado y que no lo sepa, mucho menos que  ni le interese (se respeta el interés de cada quien sobre lo que sea), lo mismo si es a una madre o padre por el que le  eligieron a su hijo.
       Esto me viene desde que era una niña, tal vez porque no me gustaba mi nombre, de hecho ahora lo acepto,  no sé si me gusta realmente. Incluso me lo quería cambiar, pero como sólo contaba con doce escasos años, pues no tenía mucha potestad  para hacerlo y en casa, lo tomaron como otra de mis locuras, a las cuales nunca les han hecho caso.  ¿Qué por qué no me gusta? Lo tengo muy claro, primero, Norma, significa, es una regla, que se rige por lo establecido o su otra definición, el femenino de Norman que es: hombre del norte, así como se lo están imaginando, no resonó para nada conmigo, no había conexión, además me chocaba que hubiera más Normas que yo en la escuela; Haydée, salvo porque se escribe no de manera muy común, al menos en mi acta de nacimiento, me llamaba la atención un poco más, pero, si hay un pero, para qué repetían un nombre que ya lo hay en una familia, en mi caso a mi tía, yo sentía que no podía ser mío si era de otra persona, no sé si lo han visto, pero cuando llaman a alguien y contestan dos o tres es espeluznante al menos para mí, que incluso se soluciona patéticamente agregándole al nombre el adjetivo de chico o el grande. Hay al respecto una anécdota de Pablo Picasso, que contrató a la empleado doméstica con el mismo nombre de su mujer, y le hacía mucha gracia, que cuando lo nombraba, iban las dos corriendo,  él sentía mucho poder sobre eso, dejaba en claro su misoginia.
        El nombre  además es una etiqueta, ya habrán oído sobre los descubrimientos que hizo el japonés Masaru Emoto, de cómo etiquetando frascos con agua, dependiendo que adjetivo tuvieran,  tenían efectos sobre su morfología, que tomó en fotografías. Si nosotros somos un 75% de agua en nuestro cuerpo, y nuestro cuerpo es un envase, todo empieza a tener otro sentido.  El significado de los nombres, puede ser insignificante para muchas personas, creo yo, porque no le han prestado atención, pero ¿Qué tan determinante es un nombre en la vida de una persona? por ejemplo, los nombres de vírgenes o santos, hay una carga implícita en su nombre que pesa sobre su sexualidad; los nombres concepto, como soledad, dolores, purificación, etc.  ¿A qué destinan a la persona? Los nombres repetidos, ahora con la metagenealogía, sabemos que si te eligen el nombre de un ancestro tuyo, más vale que tenga una vida de estrella, porque si es de los estrellados ya sabrás como irán los tiros, en este caso es una especie de herencia, lo que heredas con los conflictos no resueltos, para que tú, en una época más adelantada los veas desde otro punto de vista y el conflicto desaparezca, pero mientras no te des cuenta es una carga enorme. Jodorowsky en su página Plano Creativo, explica con ejemplos los significados de nombres heredados.
       Tal vez, cuando estaba embarazada de mis hijos, no era inconsciente del todo, elegí cada uno de sus nombres varias veces, escuché como se oía con todo y sus apellidos, incluso cómo se veía escrito,  chequé su significado antes de decidirme por uno. De hecho todos inician con E, para mí esa letra la elegí, porque es la inicial de entusiasmo, éxito, emprendedor, empresario  y  elegante, hay muchos significados  más, pero éstas cualidades eran  en las que concentraba cuando pensaba en ellos antes de nacer.  Y hablo sobre mi consciencia por casualidad, porque después leí, que cada nombre es una vibración, en ese entonces no lo sabía,  la madre al estar más en contacto con su hijo durante la gestación elige un nombre más armonioso para él. De hecho, la persona que elige el nombre tiene un poder sobre el bebé, así que es más conveniente que sea sólo su madre o padre los que determinen eso, dejando por fuera las intromisiones familiares.
     En numerología, cada letra tiene un número, y al juntar todas las letras dan un único número que determina características en esa persona, aquí sí cuenta cómo se escucha tu nombre completo, y es tan importante, que por eso, en el medio artístico, los cambian, para que suene o vibre en una nota mejor. Hay incluso anécdotas de gente famosa que antes de empoderarse de otro nombre,  su vida era desastrosa o fracasada. Como en algunas culturas, donde se cambia el nombre de la persona cuando ha tenido demasiadas adversidades, llamando otra suerte con el nuevo nombre. Cada vez que tu nombre suena, emite la vibración que tiene, y atrae lo que es afín a él; no es lo mismo utilizar el nombre completo, un apelativo, un diminutivo o  sólo el nombre, ya que su vibración variará según sea como lo use.  Incluso si armoniza con los apellidos;  como en el caso de los “Brayan” últimamente de moda, fuera de cotilleo, un nombre anglosajón con apellidos latinos pierde armonía, el sonido  se escucha forzado o los que te quitan el aliento de tan largos que están, aquí todo eso importa.
      Tu nombre es tu varita mágica, según algunas culturas, los sonidos de tu nombre atraerán los sonidos similares cuando lo menciones, por ejemplo regresamos al mío: Norma está destinado o a seguir una regla o a tratar de imponer la directriz, es casi el anagrama de amor, pero también tiene la negativa de entrada No, forma u horma que también sería una tendencia, estaría presa de ello, en todas sus variantes (entiendo ahora el por qué para mí es muy importante la forma de todo) Los egipcios decían que los dioses te regalaban 4 sonidos rectores, que aparecían en tu nombre, dos te sirven para bloquear, y dos para atraer.  Cuando los conoces, puedes empezar a nombrar lo que quieres ya con un estado de consciencia y no por suerte. Para saber cuáles son,  sólo necesitas de tu atención y tiempo, analizando toda palabra o nombre que haya estado en tu vida, como amigos, parejas, padres, hermanos, escuelas, marcas, etc.,  Después clasificando con quienes tuviste buenas relaciones y con quienes no, una vez tengas tus dos listas, encontrarás similitudes de sílabas, con los que te darás cuenta cómo funcionas, los nombres o personas que te favorecían,  que tuviste suerte por así decirlo o en contra,  si el resultado no era lo esperado.  Si logras ubicar los 4 sonidos primales o rectores, son tus contraseñas, como la de Ali Babá cuando llegaba a la cueva.  De hecho siempre los has utilizado así, salvo que no es lo mismo desde la ignorancia, que con total intención, para no “dar palos de ciego”.
 Después de todo, no es igual que te llames como una flor, que como una diosa, o un guerrero o el pariente mártir de tu clan. Todo tiene que ver, todo tiene un sentido en tu vida, nada está demás o de menos, pero ignorarlo puede ser más importante de lo uno piensa.
    

     

martes, 30 de agosto de 2016

Lo difícil de lo fácil

Habrás escuchado alguna vez la frase: “ los toros se ven mejor desde la barrera”, para referir que a un problema no se le aprecia de igual manera cuando estás dentro de él, pero tomar distancia es una cualidad casi inexistente en cualquiera , si no ha llevado un entrenamiento consiente para lograr ver su propio conflicto en tercera persona. Piensa,  ahora mismo, si te preguntaran cómo resolver los problemas de la gente que te rodea: amigo, amiga, pariente, vecino, etc. Sabes exactamente que debería hacer el uno o la otra. Y darte cuenta que uno mismo batalló de sobremanera para encontrar una solución personal aunque lo tenía frente a su nariz,  que lo pudo ver cuando alguien se lo señaló, o caso contrario, todos te lo dicen y tú eres el que no lo quiere aceptar así. Esto es muy frecuente, porque cuando ves las cosas desde el mismo lugar siempre se ven igual, es como si te pusieras a ver el paisaje desde una ventana, la vista cambiará hasta que cambias el ángulo de observación.
     Además de esta general forma de ver las cosas, agreguemos otro punto importante: si no hemos solucionado eso, que parece tan fácil, es porque hemos dado con nuestro talón de Aquiles, deja te lo explico de mejor manera. Así como aprendemos a desarrollar talentos, cualidades,  que creemos que son heredadas, o nos hace privilegiados o especiales, también cultivamos lo que llamamos fallas o errores (aunque te parezca difícil de entender) tenemos “defectos” de fábrica, manías, fobias, olvidos, etc. Indetectables a nuestra  primer mirada, ya que sólo damos por defecto aquellos que son físicos y los otros ni siquiera nos damos cuenta de ellos,  los tomamos como simple mala suerte, no era el momento, o simplemente eso no era para mí.
       Estos  pequeños defectos de fábrica, los consideraremos así, porque nos juegan malos ratos o nos impiden llegar a nuestras metas, están condicionados por miedos, traumas que mayormente vivimos en los primeros 7 años. Claro, algo que a los 2 años no comprendías , te llenaba de temor o angustia, y tal vez lo evadiste, ahora de adulto si vieras el contexto  original del shock, no te causaría ni miedo, ni nada; salvo que para tú inconsciente, se guardó como un gran peligro, y cada que te acerques a él (se recree una historia similar), se disparará tu mecanismo de defensa, el que hayas desarrollado en ese entonces, porque está tratando de protegerte y es automático, como un reflejo.   Y no sólo guardamos uno, sino varios generalmente, además le añadiremos la supervivencia de la familia, a qué era lo que como familia nos enfrentábamos, o vivíamos como cotidianidad, la falta de dinero, de comida, de atención o todo lo contrario los excesos. Cosas que fueron formando nuestra personalidad y muy importante: la resolución o la fabricación de problemas.
      Dentro de este paquete, de cualidades y fallas, también añadimos nuestras verdades (lo que nosotros vivimos como real), por ejemplo, una persona que creció en una familia adinerada y desintegrada, probablemente le sea muy fácil ser exitoso en lo que a economía se refiere, pero va a fracasar cuando quiera armar una pareja o una familia; o incluso puede anudar que el dinero era el causante de la desintegración, así que se alejará de lo que lo lleve a tener un éxito económico porque cada vez que él se acerque a un trabajo o negocio bien remunerado, a recibir una suma de dinero, su instinto de supervivencia (que en este caso cree proteger la estabilidad familiar) no lo dejará llegar, puede que se enferme  o no pueda llegar y pierda la oportunidad laboral,  o acepte un buen sueldo, pero le ocurren gastos imprevistos, lo cual a él lo mantendrá en su zona económica de confort,  no podrá rebasar ese límite,  si lo trata de hacer su mecanismo de defensa actuará rápido dando una solución para que no salga de ese entorno.
     Tal vez ese mecanismo sea obsoleto, para tu forma de pensar o de vivir ahora, pero tu inconsciente todavía no tiene esa información. No está actualizado tu software. Así que hagas lo que hagas para llegar a esa meta donde te auto-saboteas,  no lo lograrás y ni siquiera lo sabes. He aquí el meollo del asunto,  para corregir esa falla, tendrás primero que RE-conocerla, sólo así sabrás a lo que te enfrentas,  tendrás que observar-TE, algo que generalmente no hacemos, ir descubriendo  qué  pasa cuando te encuentras casi logrando esas metas que te son difíciles o incluso imposibles de lograr, hasta que encuentres un patrón. Esté predecirá la manera en la que te comportas y entonces podrás armar una estrategia.  Será más fácil aún,  cuando descubras el origen de ese reflejo automático que creaste siendo un niño, ya que aparece para resolverse,  no para hacerte la vida imposible, si lo puedes ver de manera diferente a lo que lo viste cuando se formó, lo comprendas y le des otro sentido, tu software se habrá actualizado y ese error ya no será una respuesta automática.
    Comprendes ahora porque, aquello que te parece tan fácil, que tu amiga tiene que hacer, o dejar de hacer, y  no entiendes porqué le cuesta tanto trabajo llevarlo a cabo, aún cuando ya ha tomado la decisión de hacerlo. Incluso piensas que pudiera no ser muy inteligente por eso, pero estos automatismos están más allá de la preparación o coeficiente intelectual poseas. Digamos que es el examen final, estás atrapado en un grado específico, no lo has podido pasar porque es tu “coco”, y llega ese último examen que tan solo pensarlo te causa nervios, puedes incluso no hacerlo, desertar,  a sabiendas que no avanzarás, pero seguirás viviendo lo mismo hasta que  tarde o temprano, estarás en la misma posición,   tendrás que enfrentarlo para avanzar y no seguir en el mismo escalón.

     Hay muchas maneras o técnicas para empezar a RE-conocerte, pero el primer paso es querer hacerlo.   Desde empezar a observarte, curiosear de otra manera tus gustos, tus decisiones, tus comportamientos; tomar cursos, etc. Puedes necesitar varias o sólo una metodología, en fin todo depende de ti. Así que cuando te enfrentes a “eso” que quieres hacer y no has podido, es el examen final de un nivel que ya completaste.

jueves, 4 de febrero de 2016

!Quiero ser una bruja!

Hubo una vez, hace mucho tiempo, donde creí que ser una princesa era algo mágico, increíble y muy deseado. Suponía que era un estado ideal de belleza, riqueza, reconocimiento y bla, bla bla; cosas que parecen importantes desde la visión deseosa e idealizada de una chiquilla. Tal vez estaba todo encaminado a que pasaran los años y  la princesa, fuera desplazada por la protagonista de la novela televisiva, lo cual no dista mucho del personaje que le precede: ingenua hasta el grado de tonta, de una nobleza cegadora (apegándose fuertemente al mito religioso de servilismo al prójimo, próximo y lejano), con un desinterés personal que aparentemente es bien visto por no ser egoísta, pero si la sentáramos  en el diván del Freud, su autoestima estaría tan por los suelos,  que sólo convivía con animales rastreros o minúsculos, y ni hablar de su proyecto de vida, totalmente inexistente.
     Por otro lado, aparecía un personaje de mayor impacto y poder, pero mal nombrado antagonista, porque ya de entrada casi nadie quiere verse identificado con él, bueno, en este caso ella. La bruja, la malvada, que tiene poder pero sólo lo usa de manera cruel, desalmada y egoísta, esa palabra de tan mala reputación. Además acompañada de rasgos indeseables como la vejez y la fealdad, contrarios a la juventud y belleza,   dotados para la princesa.
     Cualquier estudiante incipiente de literatura sabe que el papel protagónico de una novela es generalmente con el que se va a identificar el lector, es el más importante de la obra porque es del que se cuenta la historia, y que aparece en casi todas las escenas o capítulos según el tipo de obra. Los demás papeles al ser secundarios o complementarios pierden importancia ante un protagónico, he ahí el meollo del asunto a tratar.
      En la mayoría de las historias, la heroína no tiene nada de héroe, lo cual me parece muy tendencioso; aunque es la protagonista, es un personaje que no tiene poder en sí misma, es muy vulnerable, totalmente dependiente, manipulado por ignorancia, fuertemente adaptado al sufrimiento, ya que su vida es un constante drama. Donde llega a un desenlace,  no, por cualidades tales como disciplina, coraje, valor, planificación, etc., sino que se escapa de la tragedia por su belleza física, dulzura e inocencia, rasgos innatos o que no necesitan ser trabajados, o sea, que si naces así, ya la hiciste, pero si no, no tienes opción, al menos de ser una princesa.
      Por lo tanto, me he preguntado, a quién o quiénes les convenía que el mundo estuviera lleno de mujeres que soñaran con ser princesas, para después criticar y censurar esa parte infantiloide, que en una pareja o un empleado es insufrible, pero que durante mucho tiempo ha sido incitada, abonada y aplaudida en el comportamiento femenino infantil, como si, no supieran que lo que se siembra es lo que se cosecha. Ya una vez puesta una semilla, sólo es cuestión de tiempo para que se convierta en el fruto que lleva dentro.
     Ahora que si se secciona a la antagonista, la detestable bruja malévola, creo que también fue muy tendencioso este otro personaje, porque así se aseguraba que una fémina, no fuera a identificarse con el poder, la magia, el liderazgo, ya que era representado por algo indeseable para todos.  Así era tan fácil relacionar éstas características con la maldad o algo malo, y con lo inculcado que llevamos de ser buenos, nadie por elección desea serlo. Agregando a todo esto, otro ingrediente igualmente dañino: la envidia,  que además pertenece a los siete pecados capitales, para que no se le reste importancia e iniciando así la rivalidad infinita entre mujeres, ya que ésta emoción era la que movía principalmente a la bruja contra la princesa, para arrebatarle las cualidades que le fueron negadas a ella o quitarla de su camino por intereses personales, llámese  un reino, el príncipe consorte o el amor de su padre; porque aún con el poder y la sabiduría, ella quedaba derrotada ante la belleza física, juventud y candidez de la dulce princesa. Dejando claro que ella no se podía fiar de nadie, al menos no de las demás mujeres del cuento,  que pasaban a ser rivales. Casualmente huérfana de madre, una madre debilucha de la que ni siquiera se mencionaba su ausencia o la razón de ello.
     Luego entonces con un inocente cuento (pero todos con ese patrón), al desear el papel protagónico e identificarnos con ese tipo de personajes,  estábamos destinadas a buscar o perseguir ciertos atributos para tener una sola meta: que un príncipe nos rescate, (obviamente heredero del reino o sea millonario, de esos que te encuentras por todos lados ¡aja!) al cual, sólo lo  conquistaremos por nuestra belleza, como único atributo a ofrecer, ya que no se habla de afinidad ni nada parecido, no sabemos nada más allá de la historia, ni siquiera imaginada, porque la susodicha jamás da pistas de qué espera de la vida;  suponemos que además con conseguir una pareja en una buena posición económica, que alejará para siempre el drama de su vida como por arte de magia.
    En nuestro reino de carne y hueso, toda mujer que sea ambiciosa por mérito propio, tenga personal a su cargo, o sea poder, sobre todo en el mundo laboral, es catalogada de bruja, sobre todo por las princesas (esas que están sentadas esperando); independientemente de que para sobrevivir aquí, hay características necesarias como tenacidad, ambición, disciplina, liderazgo, inteligencia, estrategia, mismas que se requieren en un hombre, sin afirmar que sean exclusivas de algún sexo, solamente que son más fomentadas en ellos, o se da  por hecho de que son innatas, lo cual es un gran mito.

       Si nos aventuramos a pensar qué hubo más allá del “felices por siempre”, ¿Qué pasaría cuando la princesa se convierta en reina y tenga a su vez princesas? ¿Se volverá malvada por eso? ¿Cuándo su juventud se pierda en el pasar de los años? ¿Se le seguirá viendo bella o ya no? Creo que sería conveniente empezar a crear otros personajes más completos, menos inútiles, para que vayamos adoptando otros en la vida real, que no se sientan amenazados tan fácilmente, ni la rivalidad sea el pan de cada día. 

miércoles, 6 de enero de 2016

¿POR QUÉ A MI?

Esta es una pregunta que al menos una vez en la vida te la habrás hecho, en ese momento de desesperación e impotencia, cuando dentro de tu entender, no tienes una explicación para dejar tranquila la lógica que se juega en tu cabeza. Y supongo que  la has escuchado muchas veces también, hay personas que incluso la llegan a usar como mantra, de tan cotidiano que la repiten.

     Si llegamos al punto de hacernos esta pregunta, es porque nos descubrimos en un callejón sin salida,  porque creemos firmemente que hay un Dios, destino, o cómo prefieras llamarle, que nos eligió entre los demás para hacernos la vida pesada, sin ninguna justificación, y me atrevo a afirmar lo último, porque si creyeras que fuera justo, no te quejarías de nada. No quiero entrar en controversia con las creencias inculcadas de acuerdo a tu formación. Pero si esto es así, no tienes un papel protagónico en tu vida, sólo sigues un guión predeterminado por tu familia, padres, sociedad, tu Dios, o el destino. Por lo cual,  no sé si te has preguntado, ¿Qué caso tiene nacer? ¿Para qué vivir una existencia que alguien (quien sea) escribió de antemano cómo iba a ser? No le encuentro sentido. Yo me he hecho cantidad de veces estas y otras preguntas, de ¿por qué me pasaban cosas que yo considero desagradables? y sin embargo no sucedían las que  deseaba, asumiendo que seguía el camino correcto, sin éxito. Además encontrando ejemplares a los que aparentemente todo les funciona bien, haciendo todo incorrecto de acuerdo a mi juicio, que no entendía, pero sucedía. 

     Y así, entre muchos cuestionamientos  por fin encontré algunas respuestas, un poco de aquí, otro poco de allá;  descubrí, que para empezar, casarte con una ideología, es el primer error, "nadie experimenta en cabeza ajena"  al adoptar como verdad absoluta algo que a alguien o algunos les ha funcionado, no quiere decir que sirva para tu caso, y posiblemente sea así.  Experimentar es lo que te enseña, o desengaña; no lo que te cuentan, así que como primer consejo, te diría que no te creas nada, y empieces a probar lo que oyes o se ocurra, a modo de prueba y error, así sabrás con seguridad qué te sirve y qué no.

     Dada mi naturaleza curiosa, empecé a meter la nariz por todos los lados que pude, y coleccioné información: hermética, chamánica, cabalística, de diferentes culturas,  filosofías, contemporáneas o antiguas,  etc., entonces comprendí que todo es sólo una parte de un todo, que complementa, para formar tu propia idiosincrasia, la que es útil para ti, como un traje a la medida, y que también pueda modificarse de acuerdo a la ocasión, una estructura inflexible y cerrada como nos hicieron creer, que era una personalidad estable, nos limita muchísimo, porque sólo nos da las mismas opciones para todo funcionen o no, y por eso es que más de una vez te has encontrado en ese callejón tapiado.

     Regresando a ¿Por qué a mi?  me topé nuevamente con eso de  que sólo ocupamos el 10% de nuestro cerebro; al menos, cuando yo oí esta frase por primera vez, me pregunté "n" cantidad de veces, de qué manera podía aumentar mi capacidad, porque era algo que me parecía muy seductor,  aunque era otra de las preguntas guardadas en el cajón sin respuesta. Bueno, pues por fin estaba ante una explicación, que adopté, porque me pareció lógica, coherente y con sentido. Sólo ocupamos y ocuparemos ese pequeño porcentaje, mientras tengamos juicios, así de fácil. Cuando estamos ante algo (cosa que es todos los días) y discriminemos, como bueno o malo,  nos limitamos. Al decidir, que algo o alguna experiencia es buena, rechazamos la otra, y todo lo que involucra; esto a primera instancia, porque también encierra otra monada, resulta que nuestra estructura mental se forma por medio de lógicas, sólo lo que tu cerebro o tu hemisferio izquierdo mejor dicho, acepta como lógico, coherente, en pocas palabras lo que conoce, por lo tanto se refiere a lo que tú has coleccionado como sabiduría, no va más allá; llega a donde le enseñaron que estaban sus límites. Para poder aumentar eso, tienes que romper esquemas, aceptar parte de lo desconocido; lo que tu estructura mental va a rechazar casi en automático. Razón por la que te metes en problemas, cuando no tienes solución, o simplemente das la que conoces y que no te va a llevar a ningún lugar distinto, siempre al mismo. Vamos a ver por qué llegamos a esto.

      Pues bien, cuando nacemos, llegamos a esta vida por la intención de  un otro (nuestros padres o alguno de ellos al menos), sin ella no ocurre el embarazo, claro, esta intención puede ser consiente o inconsciente,  en ésta ya va un propósito, tal vez justificación para casarse, para no separarse, para hacer compañía, para cuidar la empresa, en fin, pueden ser muchas. Esto nos programa, al igual que un programador de software, hace diferentes comandos que llegan a un límite, un ciclo, y discriminaciones preestablecidas, que obedecen a tu diseño original.  Mientras vamos creciendo, hasta los 7 años más o menos, hemos seguido siendo adicionados por otros programas más, del colectivo, de la familia, que nos va moldeando hasta hacernos lo que llamamos nuestra personalidad, que encierra el carácter, las preferencias, los no gustos, y todos nuestros límites morales y de valores sociales que nos hayan insertado. Nos encontramos muchas veces diciendo: yo soy bueno para esto, pero para esto soy pésimo, de hecho,  esto también está programado. ¿tú crees que tendrías las mismas cualidades o aptitudes que tienes ahora, si hubieras nacido en otro país, con otros padres, con otra religión? la respuesta obvia es no.

       Además de nuestras programaciones, cada que nosotros vivimos una experiencia desagradable o traumática, en nuestra psique se graba una historia, de esa historia, una escena,  que también nos programa, para revivirla y darle una respuesta diferente a la que dimos o porque no la dimos. Que nos hace vivir un ciclo que se repetirá incansablemente hasta que le demos solución. ¿Te acuerdas los problemas que nos ponían en la escuela para saber si ya habíamos aprendido le lección? Nos ponían distintos planteamientos para utilizar las fórmulas o las ecuaciones que nos enseñaron, pues esto es ni más ni menos que lo mismo. Tendremos que aprender a ver nuestros problemas o lo que nosotros llamamos así, de otra manera, enseñarnos a reconocer qué estamos orquestando, contra nuestra voluntad (la consciente), descubrir el origen de esa programación para cambiarla, o incluso adelantarnos a lo que sabemos viene después. Así que cuando te encuentres preguntándote eso, detente un poco y cambia la pregunta por varias, como: ¿Para qué llegué aquí? ¿Que me hace terminar en ese lugar? ¿A dónde quería ir? ¿Qué es lo que me desvía del camino que quiero? ¿Qué necesito adoptar para cambiar los resultados? y bueno, las que se te ocurran, pero que te hagan pensar en otras salidas, o al menos saber que tú llegaste allí, porque sigues siempre misma ruta, que llega al mismo destino invariablemente,  y sólo  tienes algo  que modificar, lo cual me parece maravilloso, no sé a ti, porque solo de ti depende. 

   
   



sábado, 7 de noviembre de 2015

¿Por qué no me valoro?

Después del autoestima, te voy a hablar de valoración, tú valoración, porque a como yo lo veo o lo entiendo, no te sirve de mucho sólo saber de ella,  porque es como ponerte a caminar en vueltas sobre algo que no te lleva a ningún lado, Y si lo dejamos así, haría exactamente lo mismo que exponía en el escrito anterior, de nada sirve un conocimiento sino tiene aplicación. También agregué la culpabilidad, porque aunque no se conocen como antónimos, más o menos funcionan así, ya te lo explicaré.


¿De dónde nos viene esto?

     Primero, lo primero: hasta ahora, ¿Cómo te valoras? _ Si  empezaste mentalmente a hacer una lista de los atributos que dicen que tienes, vamos mal. Porque esa es la valoración de otros con respecto a ti, no la tuya. Y no te culpo, realmente te entiendo, como lo dije en el ensayo anterior, estamos "adiestrados" para eso,  como las mascotas,  si hiciste algo bien te dan un premio, si por el contrario, no salió como esperaban, te hiciste merecedor de un castigo. Así fuiste creciendo, cuando entendiste la mecánica, buscaste en automático el resultado que querías (¿o querían?). Si te fijaste, recalqué en negritas que el verbo está conjugado en segunda persona plural, o sea, valoración sobre la referencia de otro(s). Tampoco podemos culpar a nadie de este modo de hacerlo, que es el que hace todo el mundo (bueno, al menos el que nosotros conocemos). Pero si te interesa salir de esa esclavitud de reconocimiento externo y pasar a tuyo propio, espero ya estar en el punto de que me lo entiendas.

Las Etiquetas
     Dentro de esta forma de valorar o catalogar se requieren de etiquetas, rápidamente, piensa en un círculo donde te muevas, familia, trabajo, escuela, etc. Encontrarás el serio, el inteligente, el simpático, el servicial, el malo, el desordenado, y un sin fin de etiquetas más, las puse todas en masculino, pero se aplican al otro género por igual. Si te das cuenta, tomando por ejemplo una; el serio, él o la susodicha en cuestión, se comportará si o si, de  la manera que la etiqueta lo indique, como si fuera su única opción. Primero puedo haber sido motivado con órdenes positivas en casa, alentando y aplaudiendo ese comportamiento, para reforzarlo. Después, si el incauto, se empezó a identificar con su catalogación, tanto porque le era fácil hacer el mismo papel, o era la manera en la que conseguía algo, la  expandió, ya no sólo decidió ser el serio de su casa, sino también de su escuela, grupo de amigos, trabajo, etc. . Hasta que el molde le quedara tan ajustado que no le permitía tomar otra forma.En algunos casos que ese corsé llega a ser tan incómodo o pesado traerlo, puede tener una válvula de  escape con el envés de su papel, pero sus allegados, seres "queridos", se preocuparán y rápidamente lo tacharán de bipolar, por lo tanto de enfermo, que podemos traducir de no autorizado.
     Una etiqueta tiene mucho peso, y si no, sólo recuerda ¿Cuántas veces tomaste una decisión sobre alguien o algo, sólo porque te basaste en los dichos de otras personas sobre ellos? porque es como un virus, se contagia. ¿Cómo te refieres a los demás? Haz mentalmente tus clasificaciones, y cómo responden ellos para contigo de acuerdo a esa percepción. Si criticas o te quejas del personal de las oficinas a las que acudes, ¿Cómo te va con eso cuando tienes que ir? ¿Coincide el resultado con tus pre-juicios sobre ello(s)? Estoy segura que siempre tienes razón a lo que opinas, porque ese el truco,  siempre vas a tener la razón sobre lo que crees. Va a funcionar así para ti, tanto si es positivo como negativo lo que opinas de lo(s) demás. Si no lo has tenido claro aún, piensa en esa persona que es "tan buena" contigo, ¿Está dentro de tus clasificaciones positivas? Y los que supuestamente te tratan mal, ¿Cómo están catalogados dentro de tu escala? Imagino tus respuestas.  Esto se llama "La profecía autocumplida" frase del psicólogo Robert K. Merton, dónde explica por qué una definición "falsa" se convierta en verdadera, Sucede así porque tú te vas a comportar con respecto a el sujeto definido de una manera que el conteste en automático a tu comportamiento cotidianamente. 
     Otra cosa que sucede con las etiquetas, es que te limitan mucho en la vida, porque si te vas a apegar a ellas, no puedes o no sabes o no quieres comportarte de manera distinta. Si las tomamos como herramientas, y una equivale a un martillo por ejemplo, cuando te encuentres con situaciones donde requieras usar un martillo, te irá muy bien, pero qué pasa si lo que necesitabas era una pinza o un destornillador, no te va a ser útil. Regresando al serio, él funcionará perfecto en ciertos lugares, pero en una fiesta donde quiera conocer a alguien, fracasará por completo. 
     Ahora bien, ¿De dónde te viene esa etiqueta? para seguir con el punto inicial. No es más que la valoración que te han puesto los otros. ¿Dónde está la tuya? probablemente te des cuenta que no has tratado nunca de experimentar más allá de lo que te han dicho que hagas. ¿cómo puedes tú saber si un traje te gusta o sienta más que el uniforme que te han elegido y que vistes todos los días?.

     Valórate
     Si algo ya llamó tu atención respecto a lo que he estado hablando, el paso siguiente es, si me quiero empezar a valorar ¿Qué hago? Esto es lo más fácil o lo más difícil, dependiendo de ti. Porque dado que no somos iguales, lo que para una persona puede tener valor, para otra no vale nada. Más sin embargo, puedes empezar con invertir un poco los papeles con respecto a los demás respecto a ti. Todas esas cosas que haces para los demás ¿Las haces para ti? Si inviertes tiempo o dinero en otros, ¿está a la par del que destinas únicamente para ti? Si contestaste que no, sigues dependiendo de la valoración externa, lo haces para que te valoren. ¿Qué pasaría si tu comportamiento o decisiones no dependieran de lo que opinen los demás, incluso si no van a estar para nada de acuerdo? ¿Te atreverías a hacerlo si  "perdieras" lo que consigues por complacerlos? Tal vez es complicado nadar, cuando ni siquiera te has zambullido nunca en el río, o empezar a a caminar si todavía no te paras del suelo. Pero poco a poco se empieza a ganar confianza para hacerlo y esa por inercia te llevará más lejos. Sólo requiere de que te decidas a hacerlo.  
     
     La culpabilidad
     Te has dado cuenta que hay cosas que has intentado hacer, o hecho, pero no las disfrutas porque crees que le haces daño a alguien más. A no ser que eso, sea que estés golpeando, matando, robando, o maltratando a ese alguien, de ninguna manera le estás dañando. No porque te vayas al cine y elegiste por primera vez la película que deseabas y no cediste ese privilegio al que te acompaña, sea la causa de tu malestar. Eso sólo se llama CULPABILIDAD, este gran invento no fue hecho con otro fin de molestarte, para joderte la vida (ten  siempre en cuenta eso). La culpa aparece porque te sientes en deuda todo el tiempo, nadie que la sienta se puede valorar ni un gramo.
      Si eres de los que creen que un  gracias, no es suficiente, estás en el grupo de los culpables. Partiendo de que ese agradecimiento, fue por algo que alguien te dio por gusto, no porque lo obligaste. Claro que si  ese alguien lo hizo para conseguir algo que no te aclaró antes, es problema de él o ella y no tuyo. Como ves, todo es muy fácil y relativo. 
       Regresamos al valor que pones , si tu crees que lo que das o haces por los demás no es suficiente por lo que recibes, es porque le das poco o ningún valor a lo tuyo. El tiempo, el dinero, la compañía, etc, que tú compartes con ellos sólo tendrá el valor que le des y que le dé el destinatario,  no hay una tabla en el mundo entero que diga cuanto vale un abrazo tuyo o de cualquiera o una hora de tu tiempo, igualmente del de otro. Si tu decides que lo que das  está por debajo de lo que te recibes,  siempre te sentirás en deuda hagas lo que hagas. Pero ese valor lo has elegido tú, o has elegido a las personas que exigen de ti más de lo que le puedes dar. El caso es que,  es tu elección exclusivamente. Así que regresando al punto anterior, está fácil valorarte, sólo tienes que empezar a subir los bonos de lo que haces o das, por un lado. Por otro, te has preguntado ¿para qué estás o buscas personas que te desvalorizan? ¿O mejor aún por qué crees que no te valoran? Ahora no te dejo una conclusión a propósito, con la idea de que la consigas tú, sólo espero que mis preguntas te ayuden un poco a encontrar lo que andas buscando. 


sábado, 17 de octubre de 2015

El Autoestima





El autoestima como su mismo nombre lo dice es el valor o estima que te tengas, así que aparentemente dependerá únicamente de la calificación que le asignes de acuerdo a la escala que, tú también pongas. Y bueno, hasta aquí, parece que es una situación sencilla de resolver, sólo requiere que la persona sepa que lo adolece y se dedique a quererse, valorarse y ya está. Ese es el meollo del asunto, ¿cómo sabes tú,  qué  tan sana está tu autoestima? Tomando en cuenta que no es una materia que nos enseñen en la escuela, no entra entre la valoración de un certificado médico promedio, no hay una báscula o termómetro o aparato que te avise en qué nivel vas, y lo más importante creo yo, la sobre-valoración del otro (cualquiera que tengas enfrente, atrás o al lado) según nos dicta las reglas de urbanidad, "cede tu asiento", "dale el paso", "comparte tu pan con el hambriento"  etc. que de estos más, hay bastantes.

     No estoy sugiriendo que ahora hay que ser descortés o maleducado, simplemente puntualizar, que cuando vas a valorar más importante,  las necesidades del que tienes enfrente  que las tuyas mismas, pues es un dilema, porque entonces tú quedas de segunda. Una vez,  de cuando en cuando, no le veo nada malo, pero cuando empiezas a tomarlo como estilo de vida,  para este asunto, empieza a ser un obstáculo. Esto por un personaje que te colgaron cerca del oído (quesque la conciencia), que nunca se calla, te amargará la vida, sin duda alguna, si no fuiste "generoso" y "bueno", como se esperaba , que es siempre, no te dicen un determinado número de eventos para ganarte esa bondad, si es  uno de dos o cada diez, da lo mismo, así lo hayas decidido, una de cada cien, ponerte a ti de primero,  con esa es suficiente para sentir la culpa del tamaño de las cien juntas, porque es muy egoísta esa actitud, adjetivo que no es deseable tenerlo en una descripción propia.  

     También nos  han enseñado (creo que esto ya suena a muletilla) aunque de un modo tácito, que somos sujetos a valoración  desde que nacemos, y siempre por alguien ajeno a nosotros, primero nuestros padres, maestros, doctores, amigos, etc.  Nos dicen  cómo estamos, lo que sabemos, tenemos, por ende, lo que valemos de acuerdo a su referencia; al ser una autoridad o porque  tienen nuestra estima o deseamos la de ellos, cualquier escala en qué nos pongan la aceptaremos sin dudar. Puede ser que ésta nos favorezca, o incluso nos sobre-valore, como todo lo contrario.   Si esto sucede desde siempre, además lo vivimos a diario,  lo podemos tomar como lo normal, empañando  nuestra propia valoración. 
       Cuando empezamos a relacionarnos más allá de nuestro clan y queremos formar parte de otro, como el de los compañeros de la escuela o el trabajo. Inicia entonces un juego de deshacer la personalidad de uno, con tal de quedar bien con ellos para ser aceptados, compaginar nuestras opiniones y pasar a ser un clon más del líder del grupo. Donde seguimos el mismo patrón con el que domesticamos las mascotas: premios y castigos, desde los más sutiles a los más grotescos. Y vamos "adaptándonos" perfectamente hasta ser parte de esta sociedad, sin que se destaque mucho. 
        
        Parándome en este punto, ¿Dónde esta el estima propio?, si es que siguiendo por este camino, supe donde exactamente lo dejé. No creo que podamos tener uno sano, por no decir otra cosa más complicada, si no aprendemos a ser AUTO-REFERENTES, lo puse así con mayúscula, porque creo que es muy importante. Mientras la referencia o modelo a seguir, sea alguno en particular, sólo aspiraremos a ser una mala copia, un clon frustrado y o discriminado por no ser el original, o algo así. Vuelve a ser complicado, porque si miras a tu alrededor, encontrarás el modelo (por ser el aceptado por los demás) de mujer u hombre,  de padre, de hijo, de familia, de hermano, ya están todos elegidos; como si fueras hecho en serie, no hay que pensar mucho para deducir esto, lo que sobresale de este patrón, esta tomado como una anormalidad, rechazada en automático, sólo hay dos cosas por las que puedas destacarte, en esta sociedad, por dinero y por ser "bueno", para este último te determinan ciertos ejemplos de personajes (que no voy a decir, pero que seguro sabes de más de uno) donde sólo conoces de su vida, actos de bondad, cualquier otro rasgo de su personalidad, es eliminado, no vaya a ser que se te ocurra salirte del camino y tomes como referencia otra cosa y no la que te dictan.

            Entonces, el autoestima, es como el unicornio, hermoso, deseable, pero sólo imaginario, de este modo, por su puesto.  Cuando ya no intentes tener el reconocimiento, de nadie, o sea, que ya no te interese demostrarle a nadie, qué o cuánto tienes, sabes o haces;  que ya no esperes una palmadita en la espalda o el aplauso (no digo la estrellita en la frente porque suena muy pueril), pero es eso, esperar todo el tiempo a que te califiquen, que todo y todos tengan siempre  autoridad sobre ti; pues nada, el autoestima no subirá por más frases bonitas que repitas, conferencias a las que vayas, o cualquier otra cosa que se haga para lograrlo. Hasta que decidas a sólo pedir tu opinión (que viene siendo un permiso en realidad) para valorarte, tal y como eres o como quieres ser, sin más referencia que la tuya.

       

      



jueves, 17 de septiembre de 2015

Enamorarse y amar no es lo mismo.

Cuando nos enamoramos
De acuerdo a nuestros conceptos del amor, y digo nuestros, porque casi todos tenemos una misma concepción al respecto, y si no, hablo de esa; esa que la mayoría conoce. Donde  demanda ciertos requisitos para conformarlo, tales como: sacrificio, servicio,  renuncia, entrega, des-individualización y un montón más de “cualidades” que se despiertan en ese instante mágico, en que según las hormonas o la química corporal, sucede;  que además no pasa con todas las personas, sólo con la indicada. Que aparece en cualquier momento y lugar, la mayoría de las veces inesperado. Tiene fecha de caducidad, aunque en esto,   no se han  puesto de acuerdo con la duración, que va de meses a lo mucho 2 o 3 años. Contraponiéndose  a la idealización del amor (éste mismo concepto bajo la educación impartida) que es el matrimonio para toda la vida, porque la sociedad así lo necesita y determina, por muchos renegados que no estén de acuerdo o vicisitudes que lo atraviesen.
     Bueno, esto no es más que el enamoramiento vil y crudo, donde la ciencia se ha encargado de  explicar que hormonas intervienen y como hacen, para que de verdad creas todo esto; una vez convencido, no te queda más que estar a la expectativa, porque además es algo que ningún humano se salva de experimentar o lo deseé así, aunque sea en lo más oculto de su ser.   Cuando ocurre o crees que ocurre, simplemente por comparación de conceptos reconocidos  (los que desde niño te instruyen, por todos los medios posibles)  pero claro, también con un gran miedo, porque ya sabes de antemano que eso no es para siempre, que se acaba, que invariablemente de las circunstancias con que aparezca, o lo que tú hagas,  está destinado a morir. Lo que como resultado tiene, es que el matrimonio o las relaciones largas son sinónimos de utopías,  imposibles de lograr (dentro de esa idealización); por supuesto, nada sobra ni aparece de aquellos despilfarros hormonales que nos motivaban a estar juntos, ilusionarnos en un futuro lleno de planes ideales. Lo  que queda es un vínculo pesado, aborrecido, que sólo se sostiene por vástagos en común, intereses económicos, chantajes sociales o familiares,  únicamente  para valientes o cobardes que lo mantengan en estas condiciones tan desfavorables y tan obligatorias según pugna la mayoría (porque de ello, lo        que sobran son chistes al respecto).
   Lo más triste de todo lo que has aprendido o te han enseñado,  que por ende lo das como verdad absoluta e irrefutable, es  de tu participación en ello,   nada puedes hacer al respecto, pues depende de tu suerte, de la cual  no eres un  más que un monigote o como en la lotería, donde el afortunado sólo es uno, que cuenta con la gracia del que mueve los hilos arriba, por razones desconocidas, independientemente de que lleves un record de buenas obras en tu haber o todo lo contrario.  
     Fuera de lo que nos convencen o nos hacen imaginarnos tantas historias de amor,  rosas o negras,  ese enamoramiento se da como consecuencia de tu psiquismo. Todo tu psiquismo o podemos llamar el software instalado en tu CPU, se conforma en los primeros años de vida, son las herramientas que tienes  para enfrentarte a ella, algunas vienen con fallas de fábrica, defectos con los que se declaran incompetentes ante ciertos problemas.  Que se solucionarán cuando cambies el programa, cuando lo actualices.   Así que tu biología, te hace ciertas jugadas en complicidad con tu software. Una vez que empieza a correr el programa, éste, descubre  similitudes en el otro que te complementan, para lograr un fin específico: resolución de conflictos. Pues resulta que vamos por la vida tratando de solucionar traumas, todo lo que se convirtió en un drama para nosotros,  que tuvimos con nuestros progenitores, hermanos o los que fungieron como tal o en ausencia de o los que heredamos en el transgeracional o el proyecto sentido.
     Cuando encontramos una persona que nos atrae, ésta es la proyección más fidedigna con uno de esos  seres queridos que encontramos por el momento; eso que se llama “flechazo”, donde quedamos enganchados de una manera inexplicable, contundente, que nos roba la razón.    Es que detectamos en él o la susodicha inconscientemente (por supuesto),   un rasgo que nos ancla, por reconocimiento de ello en el otro; que puede ser una mirada, un olor, un ademán, un tono de voz, que me recordará a mi padre o mi madre o mi hermano(a), en primera instancia; idealizado (lo que me hubiera gustado de esa relación original) aunque no nos damos cuenta que es así, hasta después de que termina esa ensoñación, y nos cachamos diciendo frases como; eres igualita a …, porque ya se armó para entonces el conflicto original y que como al no percibirlo, no lo solucionamos, sigue haciéndonos ruido, terminando por romper la relación; eso que nos unió, ahora nos choca, nos fastidia.
     Si por cuestiones de empatía y programas, eres correspondido (puede ser que no),  se habrá creado un vínculo  bilateral  perfecto; donde tu papel en la historia será de acuerdo a tus huellas infantiles, tales como abandono, traición, humillación, rechazo o injusticia, donde puede ser una o varias combinadas y estará  en proporción directa con el complementario; uno hará de traicionado y el otro de traidor, uno abandona y otro es abandonado, etc. Siempre en pares, no puede ser de otra manera, como piezas de un rompecabezas que encajan perfectamente en los bordes,  uno del otro. Escenificando la misma historia, cuantas veces sea necesaria para que la reconozcamos hasta que le des solución.
Por fin el amor.
    Pero no todo es tan malo como nos contaron.  Ahora vayamos a desmenuzar qué es el amor. Habrás oído por allí que es una decisión, por lo tanto no es algo que tengas que buscar y encontrar cuando tengas suerte, todo el tiempo está a tu alcance, a que lo tomes en serio.  Requiere de responsabilidad, atención, respeto, y eso sí,  lo podemos manejar nosotros,  lo cual nos va dando una ventaja entre este panorama tan desalentador. El amor a diferencia del enamoramiento, es algo que necesita de nuestra participación más o menos consciente, porque no es un sentimiento, es una acción, una energía; opuesto a lo que nos han hecho creer,  es lo que hace que valoremos una cosa o persona y le pongamos nuestra atención para que crezca,  para hacerla brillar, es una energía que expande lo que es tocado por ella. Lo cual implica que hay una intención de por medio, no es automática,  sólo puedes amar aquello que conoces o que ya tienes, jamás algo desconocido, eso es sólo deseo.  Por ende, entre más conozcas a una persona, más razones tendrás para amarla, si esa es tu decisión, bastará con no estar presente para que desaparezca, echando abajo el mito de que si amas a alguien jamás lo dejarás de amar o sólo podrás amar una vez en la vida.
     De forma diferente a lo que nos han dicho, el amor puede tener o no un enamoramiento previo, o sea, que sí ese fue el mecanismo de encuentro, y resuelves el conflicto que generó la atracción, darás paso al amor, porque dejarás de hacer viejas proyecciones en tu pareja,  para conocer y aceptar a la persona que tienes enfrente; pero también puede ocurrir que encuentres una persona que creas que tiene los atributos que necesitas para compartir un proyecto de vida juntos,  decidir entonces amarla(o). Esta energía, estará el tiempo que tú decidas sostenerla, y la manera que lo desees, como cuando quieres que crezca un negocio, una empresa, estás continuamente inyectándole energía con tu dedicación,  con el tiempo y esfuerzo invertido en ello, tu creatividad, tu ilusión. Y al igual que pasa si dejas de cuidar de tu empresa, tu amor también fallece, no por destino, sino por descuido, inanición y desinterés. Habrás comprobado con el trabajo del gimnasio, que eso es muy ejemplificativo;   no importa los  años  que lleves construyendo y manteniendo un cuerpo, en el momento que lo dejas, no pasa de un mes, cuando empieces a perder todo lo ganado. Así de simple es.
     Para que esto se dé, tú ya necesitas ser una naranja completa y no andar buscando mitades. No es buscar una compañía, para rellenar una soledad, una pasión para un vacío, una risa para un dolor. Es compartir todo lo que eres como un ser completo y realizado con otro igual.          
    
    


viernes, 28 de agosto de 2015

¿TE ESCUCHAS CUANDO HABLAS?

Supongo que cuando hablas tienes idea de lo que dices, tienes conciencia de que estás emitiendo un mensaje, pero, ¿Tienes consciencia de qué hablas cuando hablas? Aunque son homónimas, consciencia y conciencia, no quieren decir lo mismo. Consiente, es qué sabes dónde estás, qué estás haciendo, qué sientes físicamente. Consciente es la parte que sabe la intención, sabe un para qué y un desde dónde. Por ejemplo, si estoy desayunando fruta, estoy consiente de su textura, sabor, que me dio hambre y estoy satisfaciendo mi necesidad de alimento;  sin embargo,  puedo estar consciente o no de por qué elegí lo que estoy comiendo, de todo el proceso de digestión que está ocurriendo mientras mastico y saboreo esa fruta, tampoco qué detonó el antojo y la elección; si eran mis niveles de azúcar, o por satisfactores meramente emocionales.  
     Este mecanismo nos da una clara muestra de   cómo,  lo que ocurre a nuestro alrededor está muy lejos de decir que sabemos lo que hacemos, no de una forma completa. Pero además, nunca nadie nos explicó, que lo que decimos no es lo mismo, de cualquier manera que podamos hacerlo, las palabras que usamos son de suma importancia. No sé si es la primera vez que lees sobre el uso de la palabra, no de ortografía o gramática (que también es importante), si no sobre lo que dices, lo significante.
     Hace un tiempo ya, que empecé (o más bien retomé) este camino de conocimiento alternativo, por decirlo así; que diera respuesta a mis inagotables preguntas,  buscando también un sendero más espiritual, y como el que busca encuentra, di con una serie de autores que me fueron llevando uno a otro. Creo, aunque ya no estoy muy segura, que fue  Louise H. Hay, a la que le leí por primera vez sobre los pensamientos y palabras que crean nuestra realidad. En ese entonces me pareció extraño, muy fácil de hecho,  pero me parecía lógico, así que decidí creerle.  Cambié ciertas perspectivas de mi ideología, hubo algunos pequeños cambios notorios en mi vida, a pesar de que mi constancia era errática, y que suspendí por un tiempo mi cercanía a los libros por circunstancias de la cotidianeidad.  En el retorno a esto, me di cuenta que por muy diferentes que fueran los motivos, el camino andado de cada autor, su idiosincrasia, su entrenamiento; todos coincidían con el poder de nuestra palabra, como elemento creador.
     Algunos libros como El Secreto, El poder de la Palabra, La  palabra es tu varita mágica, y muchos otros más, se basan en que es muy importante que digas decretos o frases para lograr lo que quieres. Las Iglesias por su parte, todo lo engloban en orar (hacer peticiones o decretos), aunque en ambos, la fuerza de la creencia o lo que llaman fe juega un papel protagónico, pero como no te explican cómo funciona, entonces puede ser que algunas cosas te resulten o lo logres a medias. Porque al final, terminas haciéndolo de una forma mecánica (otra vez de manera inconsciente).
      Cuando en las Cosmogonías o Biblias, nos cuenta que Dios dice, y al hacerlo crea el mundo, ya nos habla  mucho sobre este poder de la palabra, el Logos; pero como no vemos más allá de lo que nos enseñan, lo más probable es que al igual que yo, nunca  habías reparado en ello (ahora me parece tan lógico), que me preguntó cómo nunca se me ocurrió verlo así.  
     En un escrito anterior que hice sobre las Leyes Herméticas, explico brevemente la ley de la Vibración. El habla es vibración y nosotros también. Si a la palabra como la conocemos le quitáramos los significantes que tiene, sólo serían sonidos, por lo tanto vibraciones, lo que emitimos, cada que invocamos (poner en la boca) llama a algo, que después se densifica en nuestra realidad. Aquí, entra  en juego también la Ley de la Atracción (similar atrae lo similar). Acercamos o alejamos de nosotros cosas o personas o situaciones por la vibración que emitimos y como lo  que nosotros manejamos para comunicarnos es el lenguaje hablado, la palabra es un vehículo importante en este proceso de creación.   Si ponemos como un ejemplo, dos palabras que sean sinónimos tales como: alimentar y comer,  que suenan muy diferentes, aunque su significado sea para la mayoría de nosotros lo mismo. No tendrá  el mismo efecto para mí,   en caso de que ésta fuera la palabra que ocupara para pedir algo al respecto, si en mi vibración la que es compatible sea comer, y yo utilizo alimentar; no atraeré lo que quiero, o incluso lo puedo bloquear. Esto sin contar si realmente cuando decreté u ordené algo (donde ni cuenta me di cuando lo dije),  que efectivamente manifesté de forma correcta lo que tenía como idea en la mente.
      Cuando mandamos un mensaje de texto, que no está claro, o que se entendió de manera inadecuada, después podemos darnos cuenta de dónde estuvo mal escrito, porque lo podemos leer  nuevamente. Sin embargo al conversar de manera cotidiana, no reparamos en lo que dijimos textualmente, aunque lo hayamos dicho instantes antes, así que resultará casi imposible detectar algo, si no le pusimos atención (cosa que generalmente hacemos).
     En este punto, empiezan a tener más sentido, el porqué, hay cosas que se pasan como recetas, que a algunos les funciona y a otros no. Son como los chismes, de voz en voz se van corrigiendo, aumentando o degradando de acuerdo al sentir de cada emisor, hasta que termina en algo totalmente diferente al origen.
     Por otro lado,  no sé cómo lo descubrieron,  pero se supone que todos los días tenemos como 60 mil pensamientos navegando en nuestra cabeza, aunque a pesar de ser tantos,   día a día son los mismos; te podrás imaginar cuántas veces pides y piensas en algo, que crees que no pasará o que lo deseas así.  Pides por pedir, sólo hablas de terceras personas, de lo que no te gusta.  Aunque tú no te escuches, imagínate que hay un genio colgado en tu hombro, a la espera de tus órdenes, o lo que él va a tomar como una orden a seguir. ¿No crees que vale la pena, pensar antes de hablar?