viernes, 16 de enero de 2015
viernes, 9 de enero de 2015
Compartir es crear.
Me imagino que tu concepto
de crear no difiere del que yo tenía hasta hace un poco tiempo: necesitas
inspiración, material de trabajo, espacio y muchas ganas para hacerlo. Pues
permíteme abrirte una pequeña ventana para que lo pienses de otra manera.
Nosotros somos energía, siempre en movimiento.
Nos vemos como algo sólido porque nuestros sentidos son muy limitados para
poder captarlo. Desde que gestamos un pensamiento, ya sea por un recuerdo o una
idea, empezamos a vibrar de acuerdo a la emoción que nos provoque dicha idea. Por
ejemplo, si vemos una foto o nos
acordamos de un viaje, inmediatamente nos llegan sensaciones que archivamos, de
agrado, felicidad o todo lo contrario, nos pone inmediatamente en un estado de
ánimo, que si no sabemos manejarlo, podrá quedarse para nuestro bien o mal todo
el día.
Bueno, cuando nos llega una idea o
creencia muy determinante sobre algo, nos emociona, para explicarlo mejor
imaginemos un ejemplo de esto, en una
manera positiva. Tienes una preocupación sobre los jardines de tu colonia o
ciudad, de pronto te viene una idea sobre algo que pudiera mejorarlos, te
emociona el hecho de imaginarlo realizado, y en la próxima reunión o con las
personas que interactúas les empiezas a contar de eso, tus oyentes se muestran
entusiasmados por esa idea y uno o más de ellos, la comparte con otras personas.
Esto es lo que se llama resonancia,
entre más personas se “contagien” con tu mensaje, le estarán impregnando energía,
haciéndola cada vez más grande (aunque no la podemos ver), tal vez tu mensaje ha ido tan lejos que más personas
no sólo están de acuerdo, sino que también les gustaría que fuera realidad y
hablan sobre ello. No sería muy descabellado que la resonancia fuera ya tan
grande que de pronto, aparezca una convocatoria donde se le puede incluir como
proyecto. Ya se puede pasar a la acción entonces, aunque tú, no lleves el
proyecto, probablemente otra persona con la misma resonancia que la tuya captó
esas ideas (que déjame decirte, a nadie le pertenecen, somos sólo antenas
receptoras) mete el proyecto y se logra materializar, después se copia y se
lleva a más lugares.
Este es un ejemplo de algo usado para un
bien común, pero como estamos un poco educados y predispuestos a ser la víctima
del cuento, porque es muy “admirable”, entonces alguien se consigue a otro para
quejarse de lo mal que funciona el servicio médico (por ejemplo), éstos
encontrarán con su resonancia más personas con más quejas, al rato se sienten
con mucha razón, y la tendrán; porque eso es lo que ellas estarán creando, no
sólo escucharán más quejas, suficientes para hacer un sindicato o marcha de
quejosos, sino que también conseguirán encontrar más razones para estar quejándose.
Porque de acuerdo a la Ley de la Vibración, no podrán coincidir con los buenos
médicos, éstos mágicamente les tocan a otras personas (las que no se quejan),
ya que se encuentran resonando en otra frecuencia. Es como si viviéramos en
canales, unos sólo estamos enchufados a uno, otros a otros, pero no se pueden
ver dos canales a la vez.
Así que desde tu casa, sin un solo peso de
inversión, sin mover ni siquiera los ojos, puedes empezar a cooperar con un
mundo más a tu gusto. Sólo pon atención a lo que te gustaría que sucediera, y
anula cualquier emoción a lo que no te gusta. No compartas cosas desagradables,
si no quieres que éstas tengan el poder de materializarse más, o cerca de ti.
Recuerda que cada que sale una palabra, estás haciendo una In-vocación, con una
voz, tal vez no pase nada, pero cuando
muchas repiten lo mismo se le da realidad. Esto nos pasa muy a menudo con las
ventas de pánico, las enfermedades virulentas, crisis, etc. Antes de darle u
like a algo y compartirlo con tus amistades o en tu muro, medítalo, ¿es algo con
lo que te gustaría que creciera? Ojo, cuando ves una mala noticia, que te
indigna, te hace sentir mal, y la compartes. Lo que estás compartiendo es esa
emoción de ira, frustración, mal humor, que es una resonancia muy baja. Cuando
uno está vibrando dentro de esto, sólo puede atraer más de lo mismo. No te
vayas a confundir, creyendo que entre
más gente indignada se puede hacer algo bueno, la ira puede ser una magnífica
energía creadora si se le da una buena salida, pero eso requiere de otro factor,
que generalmente no queremos tener: responsabilidad. Responsabilidad sobre lo
que pienso, hago y digo. Tenemos mucho que aprender, y elegir conscientemente
es el primer paso.
lunes, 5 de enero de 2015
Y de nuevo, otro año!!!
¿Cómo iniciaste el año? ¿Te
vestiste de rojo, de amarillo, diste la vuelta a tu casa con maletas, estrenaste
algo, comiste uvas, barriste o cualquier otra cosa que suele acostumbrarse?
Tengo que confesar que durante muchos años me era una situación irrisoria, lo
tomaba como simple superchería, no le encontraba el sentido, de cómo algo de un
color o un acto va a modificar o “determinar” mi destino. Mi manera de pensar
de estructura muy lógica, sobre todo, entender
el cómo funciona algo, sin explicación alguna no me lo permitía, simplemente
porque las cosas que se llaman “costumbres” pasan a ser meros actos
conductuales, sin cuestionamiento alguno, tomando una esperanza aferrada en una
intangibilidad llamada fe. Por azares
del destino, con eso de que me gusta
curiosear, meto las narices a un tema y este me lleva a otro y así,
sucesivamente. Pues un día encontré la explicación de esto, y por qué funciona
o no.
Resulta que nuestra mente o lo que creemos
de ella, no es una sola, y para evitar entrar en tecnicismos y palabras de
pronto no comprensibles, vamos a dejar sólo que tenemos un consciente que es el
que tú conoces aparentemente de ti, y otro que está dentro de ti pero
desconocido, el inconsciente. Nuestro inconsciente está formado por lo que
vamos grabando desde que nacemos hasta aproximadamente siete años. Si nos
comparáramos con un ordenador, sería uno nuevo de paquete, y nuestras creencias
familiares, dramas vividos, experiencias satisfactorias, reglas de nuestro
entorno, deseos familiares para nosotros, etc. serían las aplicaciones o
programas que nos instalaran. Éste personaje, llamado ego también, es un
procesador muy rápido, reactivo completamente, automático, su fin es
protegernos, para esto, todo lo que le represente peligro lo desechará o impedirá
que te acerques a él. El consciente es más lento, puede analizar una situación
y descartar que ya no sea problemática, después de un pensamiento lógico, sin
embargo, la toma de decisiones por rapidez las hace generalmente el ego. Por ejemplo, cuando tú deseas perder peso, y
decides dejar de comer, el inconsciente no sabe, si lo haces por entrar en una
talla más pequeña o porque estás pasando una época de hambruna, automáticamente
empezará a ralentizar el metabolismo para ahorrar energía, su ingesta de
calorías se adaptará a su nueva demanda, el peso que se perdería sería muy poco
y al cabo de un tiempo sería nulo. Porque él está protegiéndote de morir de
hambre, él no asocia la comida con la gordura o la delgadez, es un simple acto
de sobrevivencia.
Independientemente del tipo de deseo,
monetario, romántico o cualquier otro, tendrías que hacer un pequeño trabajo
interior, descubrir si tu consciente y
tu inconsciente están de acuerdo. Para saber si hay algún bloqueo que te impida
lograrlo, sin llegar a la hipnosis y palabras mayores, una de las formas de
llegar al inconsciente es por medio de un ritual, aquí entra la lógica de esto,
el inconsciente reacciona a los símbolos de manera muy exitosa, salvo que hacer algo que a ti no te signifique
nada, no te sirve. De ahí, que no son infalibles, los rituales que ya existen, y que
muy probablemente aparecieron con esa intención. Alejandro Jodorowsky, creador de la
Psicomagia, como método terapéutico, basándose en la historia personal del
consultante, mezcla una escenificación teatral, con el tarot y personajes,
jugando con los conflictos de la persona de manera desenfadada y atrevida para
romper con este tipo de programaciones.
Como ya tampoco le veo efecto (al menos
de manera personal) a fechas preestablecidas por otras personas que ni conozco,
te sugiero que puedes empezar a hacer tus rituales personalizados y montarlos
cualquier día, cualquier fecha que para ti sea más significativa, que la
marcada por el calendario o la mercadotecnia. Mucho cuidado con incluir la voluntad de
terceros en esto, acuérdate: Dios no cumple antojos, ni endereza jorobados.
viernes, 21 de noviembre de 2014
Y si?
Todas las decisiones que esperan
llevarse a cabo en tu vida, ¿están determinadas por creer que el tiempo, las arreglará solas?, ¿a cuántas cosas has
renunciado en tu vida, con la premisa “no se hace lo que se quiere, sino lo que
se puede?, ¿te has preguntado alguna vez, si tu manera de pensar te limita? Si empiezas a revisar tus creencias, a las que
me imagino, nunca has cuestionado, cosa muy común o esperada, ya que todo se te
fue inculcando siempre con la mejor intención, por tus padres, escuela, etc., y porque no nos enseñan a cuestionar nada. Si
te acuerdas, cuando eras un niño(a), y se te ocurría objetar a tu madre o
padre, alguna orden, porque te pareciera sin sentido o arbitraria, te callaban
o reprimían diciendo que era una falta de respeto, no porque tus padres fueran
obtusos, sino porque así los educaron a ellos igualmente. Entonces, ese
gusanito de polemizar algo, teniendo un punto diferente a los demás, se fue
callando poco a poco, hasta quedarse mudo. De manera que a estas alturas no se
te ocurre hacer controversia de nada, por respeto, timidez, sumisión o
simplemente porque lo aprendiste como incorrecto.
¿Pensarías
del amor lo mismo, si nunca lo hubieras aparejado como sinónimo de sufrimiento,
entrega ciega y dolor? Tus pensamientos
sobre el dinero, sexo, poder, amor, bondad,
trabajo, belleza, han determinado
muchas o todas las decisiones que has tenido que tomar durante toda tu vida
respecto a ellos. Elegiste amistades, amores, incluso tus hábitos, de acuerdo a
lo creíste o crees que era bueno, y descartaste muchos otros por catalogarlos
como malos. O sea, que todo tu mundo está determinado por definiciones sobre
algo.
Si no estás dentro del grupo de seres
afortunados que no han tenido decepciones amorosas, recordarás alguna
experiencia sobre qué hizo que sufrieras, ya sea porque las expectativas sobre
la relación no fueron satisfechas o porque te cansaste de dar y dar (porque sí
esperabas algo a cambio) de cualquier
manera, tus expectativas estaban forjadas en un modelo, bueno, si por un
momento dejaras de encuadrar tu relación respecto a ese molde, ¿pensarías lo
mismo?, ¿lo hubieras elegido al ver ciertas cosas que pasaste por alto al
principio? ¿Le diste importancia a lo realmente lo tuvo o eso lo viste después?,
y puede parecer muy simple o sin importancia, sin embargo, muchas reglas que
tenemos en nuestro entorno, cambiándonos tan sólo de país, o época, se permiten
o se abolen. Si todos somos seres humanos, partiendo del mismo origen, te darás
cuenta que las reglas las ponen hombres, variando de cultura en cultura, de
época en época, donde se aceptan sin chistar, que basaron su aceptación en la
opinión de uno o más personas, por las conveniencias que hayan sido. Las cosas
que son “bien vistas” cambian caprichosamente.
¿Y si? Al menos por un momento,
decidieras ver tus creencias y cambiarlas, en pos de tener una mejor calidad de
vida, por ejemplo. Que no creyeras más, que trabajar de sol a sol, sea la única
manera “correcta” de ganar dinero, empezando a permitirte más horas de calidad.
Si el pensar en ti, o dedicarte a ti más tiempo, no lo vieras como egoísta,
sino como necesario. Si empezaras a ver a las personas más allá de lo que
muestran, ¿tendría caso tanto adorno? Si decidieras que sólo tienes que caerte bien
a ti, y no sobreponer lo que piensan los demás para aceptarte, porque sólo
importa lo que tú piensas de ti. ¿No crees que tu vida sería más fácil, sin
culpa alguna? ¿Qué tipo de persona serías en la sociedad, cuando todo el
tiempo, te sintieras realizada y en paz? ¿Te importaría lo que hacen o dejan de
hacer los demás, sabiendo que tú haces lo que quieres hacer? Tú tienes ese
poder de decisión, solo implica recuperarlo y tomarlo. ¿No crees, que valdría
la pena, al menos intentarlo?
jueves, 16 de octubre de 2014
Lo positivo y negativo de nuestra vida
“Mi vida estuvo llena de desgracias,
muchas de las cuales, jamás sucedieron”.
Descartes
Acostumbramos a catalogar
las experiencias que vivimos como positivas o negativas, pero esto es sólo una
ilusión que nos encadena a vivir cierta incomodad o sufrimiento, que dura el
tiempo que determinemos nosotros mantenernos en una misma opinión, (tal vez por
eso aparece el dicho: “es de sabios cambiar de opinión”).
Cuando
estamos frente a una situación, una de las tantas que experimentamos en el día,
inmediatamente la pasamos a través de nuestro filtro de placer o dolor, que no
es más que un tabulador que hemos ajustado de acuerdo a nuestras vivencias
pasadas, y que no tiene nada que ver con lo que se nos presenta ahora. Son
circunstancias similares a unas anteriores, pero que no implican ser el mismo
momento, no es que se repita la escena otra vez, sin embargo, la evaluamos de
acuerdo a la anterior. Podemos hacer un recuento mental de cualquiera de
nuestras experiencias repetitivas y nos daríamos cuenta que generalmente
tomamos las mismas decisiones al respecto. Lo cual, en lugar de tomar lo que se nos presenta como una segunda
oportunidad, para hacer algo diferente, volvemos a repetir, todo y por lo tanto
conseguimos el mismo resultado (aunque este no nos parezca acertado). Esto es
algo más o menos, como si tuviéramos un examen con respuestas de opción
múltiple, y a sabiendas que todas son correctas, siempre elegiríamos las
mismas.
Si nosotros, cuando empezamos a
caminar, con las caídas hubiéramos desistido; una gran mayoría, no caminaría.
Lo superamos y logramos hacerlo, porque en esa etapa no tenemos tantas
limitaciones acumuladas y definidas como experiencias. Además, quien tenemos a nuestro alrededor no se le
ocurriría evitarnos el aprender, porque da por hecho que es algo que
necesitamos realizar de una u otra manera. No así, si fracasamos (por decir
así) en una relación amorosa, o un trabajo, o un proyecto; generalmente la gente que nos rodea (la que
nos “quiere” mucho) nos apoya
alimentando nuestros miedos y justificando el desistir.
Por otro lado, cada que acuso a las
circunstancias, al vecino, al de enfrente, al clima; de ser culpable de lo que
me pasa o deja de pasar, yo cedo mi poder creativo, me inutilizo, quedo como un
títere, víctima de todo lo que me rodea, y por ende, sin un solo sentido para
vivir, Porque, ¿Cómo para qué vivir algo que ya está predestinado y que además
no tengo poder o derecho alguno? ¿No es, algo cruel, ilógico e injusto?
Si tan sólo me diera el permiso de
mirar desde otro matiz, parada desde otro lugar; donde lo que vivo, es por y
para algo que me viene a ayudar a evolucionar y no a agredirme, sea cual sea la
situación que aparezca. Aprender a quitar adjetivos a algo por muy “no
placentero” que parezca y encontrar que bendición o regalo me trae, o incluso lo que me evita pasar. En su caso contrario,
no dejarme obnubilar por situaciones que aparentemente son inmejorables y
después encuentro que no. Reconociendo
que cada que elijo o decido algo, tengo total responsabilidad sobre lo que se
desencadene a partir de eso, creando mis próximos posibles futuros. Experimentando cada nuevo momento, como de
verdad, nuevo. El miedo pasaría a ser utilizado como los animales, en un
sentido único de sobrevivencia, y no en una pesadilla mental que me mantiene en
una situación de posibilidades sostenida,
pero que la vivo en otra dimensión, en un tiempo que puede jamás ocurrir,
mientras la vida me pasa por enfrente sin que haga absolutamente nada.
sábado, 9 de agosto de 2014
Nuestras Relaciones parte II
Todos al nacer, llegamos con
dones, capacidades más desarrolladas unas que otras, pero al entrar en el
sistema familiar, no los usamos o en el peor de los casos, los escondemos,
porque no nos permiten ser. Podría ser que un niño tenga el don de comunicarse
por medio de artes plásticas, pero nace en una familia de abogados; seguramente
no le permitirán desarrollar y potenciar sus cualidades, sino que por tradición
lo obligaran de una u otra manera a ser otro abogado más. Encerrando tal ser en
una jaula de estrés y no realización. La realización es estar en el estado real
del ser, para brillar, estar en un estado perpetuo de tranquilidad, no como los
eslogan de excelencia y triunfo que tenemos definidos, sino lo que a él, le
llena.
Con este modelo de Perfección, nos dan un
proyecto de vida, desde buscarnos a quién del clan nos parecemos o les gustaría
que nos pareciéramos, que nos empieza a decretar una conducta, que inconscientemente
seguiremos como mandato; cualquier deseo de los padres es una orden (explícita
o implícita), adoptar las preferencias de la familia (religión, educación,
alimentación, etc.) dejando los deseos personales, el disfrute de una actividad,
sintetizada a un mero pasatiempo, o sea,
sólo permitido, después de cumplir con
lo que le han obligado y si queda tiempo, lo podrá entonces realizar.
Dependiendo de los lineamientos y exigencias de la sociedad donde se mueva.
Ya una vez que nos hemos desconectado,
siguiendo la educación o adiestramiento a que somos sometidos, olvidamos la sabiduría innata a
cambio del conocimiento adquirido, que generalmente es sólo teórico, porque
muchas o la mayoría de lo que nos
enseñan, no nos consta, lo aceptamos con una fe ciega, por ser autoridades
(padres, iglesia, gobernadores, científicos) de quien vienen. Lo tomamos como verdad y renunciamos a la
responsabilidad, bueno, también porque nos mantiene en una zona de confort,
empezamos a jugar a ser víctimas del destino y sus circunstancias.
Con ese tamiz, ya no vemos que todo lo que
hay alrededor, que precisamente lo miramos desde nuestra percepción, proyectamos lo que tenemos dentro, no lo
reconocemos así, por lo tanto, la función de nuestras relaciones se pierde
totalmente. Entonces, no importa cuántos seres por amor a nosotros, se presten
a personificar mil y un villanos, brincamos de guías a guías en automático; sin
saberlo, repitiendo personajes, circunstancias y situaciones, una y otra vez.
Nos han infundado tan fuertemente que el dolor es sufrimiento, que evadimos
cualquier aprendizaje, si creemos que éste no es placentero, por la manía
recalcitrante a juzgar todo como bueno o malo. Con este filtro, anulamos de
inmediato el cincuenta por ciento de nuestro aprendizaje.
Podemos medirnos, por decirlo así, con seguridad, que vamos por un rumbo
equivocado, cuando llegamos a un malestar, físico, si es como enfermedad;
circunstancial, si entramos en una crisis de pareja, de trabajo, económica,
etc. Que nos indica, que hay que movernos, no que estamos pasando una mala
racha, por mala suerte. Es la manera de obligarnos a mirar esa situación para
hacerle cambios, para mutar y evolucionar
jueves, 24 de julio de 2014
Nuestras relaciones (parte I)
Todo lo que existe fuera nuestro
es una proyección de nosotros mismos.
Siempre nos estamos encontrando con nuestros miedos, necesidades,
bloqueos, que vemos en lo que nos sirve
de espejos, de manera directa o indirecta, con el único
fin de resolverlos, superarlos, degradarlos o en su mejor instancia, disolverlos. Una de las formas de hacerlo, es a través de las relaciones, todas; relaciones fraternales, de
negocios, de trabajo, de pareja. Generalmente repetimos los mismos patrones de
conducta en todas, tales como dependencia, abuso, sobreprotección, sumisión,
chantaje, control, abandono, etc. Relacionándonos una y otra vez con personajes
similares, que solo van cambiando el nombre o la función. Que además es una
forma de solucionar lo que hemos venido a resolver, todo nuestro universo lo
impregnamos de lo mismo, y así nos lo encontramos en las parejas, hijos, jefes,
amistades, padres.
Nos cuesta demasiado verlo así, incluso
aceptarlo, porque toda nuestra estructura mental se ha construido de otra
manera. Aprendemos desde pequeños a
separarnos del entorno, a ser víctimas
de circunstancias y destinos, nos
volvemos dependientes, ciegos y desapoderados. Nos quitamos la responsabilidad
de nuestra persona y sus consecuencias, dejando todo en manos de la
justificación llamada accidente o suerte, convirtiéndonos en marionetas movidas por hilos tejidos en destinos macabros y mal intencionados que
requieren de nuestro sufrimiento, para lograr alcanzar algo, para poder merecerlo,
o simplemente porque sufriendo conseguimos algunas cosas. El vernos así mismos
de esa manera, nos limita e impide que
podamos ver, que todo lo que existe está por alguna razón para comunicarnos
algo, nada está de más o de menos, son mensajes en metáfora, que nos hablan
para irnos mostrando el camino que vamos recorriendo, y que muchas veces
seguimos un círculo, es como tener un mapa y no saberlo leer.
Al aparecer en nuestro mundo material,
llegamos teniendo una potencialidad infinita, que poco a poco vamos perdiendo,
al irnos adaptando a la familia, a la colonia, al barrio, al país. Se empieza a
construir nuestro ego, necesario para protegernos, mantenernos vivos, en los
momentos de supervivencia que se enfrenta, va guardando como un disco duro,
cada experiencia de dolor, sufrimiento,
peligro, la archiva en nuestro cerebro
arcaico; para que en el momento en el que las circunstancias similares se
repitan, inmediatamente se encienda una alarma, ya sea para huir o paralizar. Respuesta que pudiera ser caduca o
impertinente para las circunstancias presentes, pero él no juzga, sólo lo actúa de inmediato al
encontrar varios datos que considera peligrosos. Lo cual nos impide avanzar en situaciones
desconocidas, que pudieran ser benéficas o que nos representaría un avance
hacia donde queremos llegar.
Aprendemos a relacionarnos con recelos,
con miedos, con inseguridades. Después de que experimentamos la primer
separación, cuando empezamos a vernos como un ser aparte de papá y mamá,
iniciamos la carrera del desamor. Empezamos a mendigar, atención, afecto,
calor, a cambio de comportamientos “permitidos” o esperados, nulificando ,
negando o escondiendo nuestras propias necesidades, al punto que antes de dejar
la niñez, ya hemos olvidados quienes somos, nos vendemos al mejor postor, o
muchas veces al menor precio. Debemos de entender, que no hay culpables en todo
esto, si nuestros padres fueron adiestrados de la misma manera, ellos no pueden
enseñarnos otra cosa, otra manera, a menos que en el camino, se hayan iluminado
y evolucionado.
Todos al nacer, llegamos con dones,
capacidades más desarrolladas unas que otras, pero al entrar en el sistema
familiar, no los usamos o en el peor de los casos, los escondemos, porque no
nos permiten ser. Podría ser que un niño tenga el don de comunicarse por medio
de artes plásticas, y nace en una familia de abogados; seguramente no le
permitirán desarrollar y potenciar sus cualidades, sino que por tradición lo
obligaran de una u otra manera a ser otro abogado más. Encerrando tal ser en
una jaula de estrés y no realización. La realización es estar en el estado real
del ser, para brillar, estar en un estado perpetuo de tranquilidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
