sábado, 7 de noviembre de 2015

¿Por qué no me valoro?

Después del autoestima, te voy a hablar de valoración, tú valoración, porque a como yo lo veo o lo entiendo, no te sirve de mucho sólo saber de ella,  porque es como ponerte a caminar en vueltas sobre algo que no te lleva a ningún lado, Y si lo dejamos así, haría exactamente lo mismo que exponía en el escrito anterior, de nada sirve un conocimiento sino tiene aplicación. También agregué la culpabilidad, porque aunque no se conocen como antónimos, más o menos funcionan así, ya te lo explicaré.


¿De dónde nos viene esto?

     Primero, lo primero: hasta ahora, ¿Cómo te valoras? _ Si  empezaste mentalmente a hacer una lista de los atributos que dicen que tienes, vamos mal. Porque esa es la valoración de otros con respecto a ti, no la tuya. Y no te culpo, realmente te entiendo, como lo dije en el ensayo anterior, estamos "adiestrados" para eso,  como las mascotas,  si hiciste algo bien te dan un premio, si por el contrario, no salió como esperaban, te hiciste merecedor de un castigo. Así fuiste creciendo, cuando entendiste la mecánica, buscaste en automático el resultado que querías (¿o querían?). Si te fijaste, recalqué en negritas que el verbo está conjugado en segunda persona plural, o sea, valoración sobre la referencia de otro(s). Tampoco podemos culpar a nadie de este modo de hacerlo, que es el que hace todo el mundo (bueno, al menos el que nosotros conocemos). Pero si te interesa salir de esa esclavitud de reconocimiento externo y pasar a tuyo propio, espero ya estar en el punto de que me lo entiendas.

Las Etiquetas
     Dentro de esta forma de valorar o catalogar se requieren de etiquetas, rápidamente, piensa en un círculo donde te muevas, familia, trabajo, escuela, etc. Encontrarás el serio, el inteligente, el simpático, el servicial, el malo, el desordenado, y un sin fin de etiquetas más, las puse todas en masculino, pero se aplican al otro género por igual. Si te das cuenta, tomando por ejemplo una; el serio, él o la susodicha en cuestión, se comportará si o si, de  la manera que la etiqueta lo indique, como si fuera su única opción. Primero puedo haber sido motivado con órdenes positivas en casa, alentando y aplaudiendo ese comportamiento, para reforzarlo. Después, si el incauto, se empezó a identificar con su catalogación, tanto porque le era fácil hacer el mismo papel, o era la manera en la que conseguía algo, la  expandió, ya no sólo decidió ser el serio de su casa, sino también de su escuela, grupo de amigos, trabajo, etc. . Hasta que el molde le quedara tan ajustado que no le permitía tomar otra forma.En algunos casos que ese corsé llega a ser tan incómodo o pesado traerlo, puede tener una válvula de  escape con el envés de su papel, pero sus allegados, seres "queridos", se preocuparán y rápidamente lo tacharán de bipolar, por lo tanto de enfermo, que podemos traducir de no autorizado.
     Una etiqueta tiene mucho peso, y si no, sólo recuerda ¿Cuántas veces tomaste una decisión sobre alguien o algo, sólo porque te basaste en los dichos de otras personas sobre ellos? porque es como un virus, se contagia. ¿Cómo te refieres a los demás? Haz mentalmente tus clasificaciones, y cómo responden ellos para contigo de acuerdo a esa percepción. Si criticas o te quejas del personal de las oficinas a las que acudes, ¿Cómo te va con eso cuando tienes que ir? ¿Coincide el resultado con tus pre-juicios sobre ello(s)? Estoy segura que siempre tienes razón a lo que opinas, porque ese el truco,  siempre vas a tener la razón sobre lo que crees. Va a funcionar así para ti, tanto si es positivo como negativo lo que opinas de lo(s) demás. Si no lo has tenido claro aún, piensa en esa persona que es "tan buena" contigo, ¿Está dentro de tus clasificaciones positivas? Y los que supuestamente te tratan mal, ¿Cómo están catalogados dentro de tu escala? Imagino tus respuestas.  Esto se llama "La profecía autocumplida" frase del psicólogo Robert K. Merton, dónde explica por qué una definición "falsa" se convierta en verdadera, Sucede así porque tú te vas a comportar con respecto a el sujeto definido de una manera que el conteste en automático a tu comportamiento cotidianamente. 
     Otra cosa que sucede con las etiquetas, es que te limitan mucho en la vida, porque si te vas a apegar a ellas, no puedes o no sabes o no quieres comportarte de manera distinta. Si las tomamos como herramientas, y una equivale a un martillo por ejemplo, cuando te encuentres con situaciones donde requieras usar un martillo, te irá muy bien, pero qué pasa si lo que necesitabas era una pinza o un destornillador, no te va a ser útil. Regresando al serio, él funcionará perfecto en ciertos lugares, pero en una fiesta donde quiera conocer a alguien, fracasará por completo. 
     Ahora bien, ¿De dónde te viene esa etiqueta? para seguir con el punto inicial. No es más que la valoración que te han puesto los otros. ¿Dónde está la tuya? probablemente te des cuenta que no has tratado nunca de experimentar más allá de lo que te han dicho que hagas. ¿cómo puedes tú saber si un traje te gusta o sienta más que el uniforme que te han elegido y que vistes todos los días?.

     Valórate
     Si algo ya llamó tu atención respecto a lo que he estado hablando, el paso siguiente es, si me quiero empezar a valorar ¿Qué hago? Esto es lo más fácil o lo más difícil, dependiendo de ti. Porque dado que no somos iguales, lo que para una persona puede tener valor, para otra no vale nada. Más sin embargo, puedes empezar con invertir un poco los papeles con respecto a los demás respecto a ti. Todas esas cosas que haces para los demás ¿Las haces para ti? Si inviertes tiempo o dinero en otros, ¿está a la par del que destinas únicamente para ti? Si contestaste que no, sigues dependiendo de la valoración externa, lo haces para que te valoren. ¿Qué pasaría si tu comportamiento o decisiones no dependieran de lo que opinen los demás, incluso si no van a estar para nada de acuerdo? ¿Te atreverías a hacerlo si  "perdieras" lo que consigues por complacerlos? Tal vez es complicado nadar, cuando ni siquiera te has zambullido nunca en el río, o empezar a a caminar si todavía no te paras del suelo. Pero poco a poco se empieza a ganar confianza para hacerlo y esa por inercia te llevará más lejos. Sólo requiere de que te decidas a hacerlo.  
     
     La culpabilidad
     Te has dado cuenta que hay cosas que has intentado hacer, o hecho, pero no las disfrutas porque crees que le haces daño a alguien más. A no ser que eso, sea que estés golpeando, matando, robando, o maltratando a ese alguien, de ninguna manera le estás dañando. No porque te vayas al cine y elegiste por primera vez la película que deseabas y no cediste ese privilegio al que te acompaña, sea la causa de tu malestar. Eso sólo se llama CULPABILIDAD, este gran invento no fue hecho con otro fin de molestarte, para joderte la vida (ten  siempre en cuenta eso). La culpa aparece porque te sientes en deuda todo el tiempo, nadie que la sienta se puede valorar ni un gramo.
      Si eres de los que creen que un  gracias, no es suficiente, estás en el grupo de los culpables. Partiendo de que ese agradecimiento, fue por algo que alguien te dio por gusto, no porque lo obligaste. Claro que si  ese alguien lo hizo para conseguir algo que no te aclaró antes, es problema de él o ella y no tuyo. Como ves, todo es muy fácil y relativo. 
       Regresamos al valor que pones , si tu crees que lo que das o haces por los demás no es suficiente por lo que recibes, es porque le das poco o ningún valor a lo tuyo. El tiempo, el dinero, la compañía, etc, que tú compartes con ellos sólo tendrá el valor que le des y que le dé el destinatario,  no hay una tabla en el mundo entero que diga cuanto vale un abrazo tuyo o de cualquiera o una hora de tu tiempo, igualmente del de otro. Si tu decides que lo que das  está por debajo de lo que te recibes,  siempre te sentirás en deuda hagas lo que hagas. Pero ese valor lo has elegido tú, o has elegido a las personas que exigen de ti más de lo que le puedes dar. El caso es que,  es tu elección exclusivamente. Así que regresando al punto anterior, está fácil valorarte, sólo tienes que empezar a subir los bonos de lo que haces o das, por un lado. Por otro, te has preguntado ¿para qué estás o buscas personas que te desvalorizan? ¿O mejor aún por qué crees que no te valoran? Ahora no te dejo una conclusión a propósito, con la idea de que la consigas tú, sólo espero que mis preguntas te ayuden un poco a encontrar lo que andas buscando. 


sábado, 17 de octubre de 2015

El Autoestima





El autoestima como su mismo nombre lo dice es el valor o estima que te tengas, así que aparentemente dependerá únicamente de la calificación que le asignes de acuerdo a la escala que, tú también pongas. Y bueno, hasta aquí, parece que es una situación sencilla de resolver, sólo requiere que la persona sepa que lo adolece y se dedique a quererse, valorarse y ya está. Ese es el meollo del asunto, ¿cómo sabes tú,  qué  tan sana está tu autoestima? Tomando en cuenta que no es una materia que nos enseñen en la escuela, no entra entre la valoración de un certificado médico promedio, no hay una báscula o termómetro o aparato que te avise en qué nivel vas, y lo más importante creo yo, la sobre-valoración del otro (cualquiera que tengas enfrente, atrás o al lado) según nos dicta las reglas de urbanidad, "cede tu asiento", "dale el paso", "comparte tu pan con el hambriento"  etc. que de estos más, hay bastantes.

     No estoy sugiriendo que ahora hay que ser descortés o maleducado, simplemente puntualizar, que cuando vas a valorar más importante,  las necesidades del que tienes enfrente  que las tuyas mismas, pues es un dilema, porque entonces tú quedas de segunda. Una vez,  de cuando en cuando, no le veo nada malo, pero cuando empiezas a tomarlo como estilo de vida,  para este asunto, empieza a ser un obstáculo. Esto por un personaje que te colgaron cerca del oído (quesque la conciencia), que nunca se calla, te amargará la vida, sin duda alguna, si no fuiste "generoso" y "bueno", como se esperaba , que es siempre, no te dicen un determinado número de eventos para ganarte esa bondad, si es  uno de dos o cada diez, da lo mismo, así lo hayas decidido, una de cada cien, ponerte a ti de primero,  con esa es suficiente para sentir la culpa del tamaño de las cien juntas, porque es muy egoísta esa actitud, adjetivo que no es deseable tenerlo en una descripción propia.  

     También nos  han enseñado (creo que esto ya suena a muletilla) aunque de un modo tácito, que somos sujetos a valoración  desde que nacemos, y siempre por alguien ajeno a nosotros, primero nuestros padres, maestros, doctores, amigos, etc.  Nos dicen  cómo estamos, lo que sabemos, tenemos, por ende, lo que valemos de acuerdo a su referencia; al ser una autoridad o porque  tienen nuestra estima o deseamos la de ellos, cualquier escala en qué nos pongan la aceptaremos sin dudar. Puede ser que ésta nos favorezca, o incluso nos sobre-valore, como todo lo contrario.   Si esto sucede desde siempre, además lo vivimos a diario,  lo podemos tomar como lo normal, empañando  nuestra propia valoración. 
       Cuando empezamos a relacionarnos más allá de nuestro clan y queremos formar parte de otro, como el de los compañeros de la escuela o el trabajo. Inicia entonces un juego de deshacer la personalidad de uno, con tal de quedar bien con ellos para ser aceptados, compaginar nuestras opiniones y pasar a ser un clon más del líder del grupo. Donde seguimos el mismo patrón con el que domesticamos las mascotas: premios y castigos, desde los más sutiles a los más grotescos. Y vamos "adaptándonos" perfectamente hasta ser parte de esta sociedad, sin que se destaque mucho. 
        
        Parándome en este punto, ¿Dónde esta el estima propio?, si es que siguiendo por este camino, supe donde exactamente lo dejé. No creo que podamos tener uno sano, por no decir otra cosa más complicada, si no aprendemos a ser AUTO-REFERENTES, lo puse así con mayúscula, porque creo que es muy importante. Mientras la referencia o modelo a seguir, sea alguno en particular, sólo aspiraremos a ser una mala copia, un clon frustrado y o discriminado por no ser el original, o algo así. Vuelve a ser complicado, porque si miras a tu alrededor, encontrarás el modelo (por ser el aceptado por los demás) de mujer u hombre,  de padre, de hijo, de familia, de hermano, ya están todos elegidos; como si fueras hecho en serie, no hay que pensar mucho para deducir esto, lo que sobresale de este patrón, esta tomado como una anormalidad, rechazada en automático, sólo hay dos cosas por las que puedas destacarte, en esta sociedad, por dinero y por ser "bueno", para este último te determinan ciertos ejemplos de personajes (que no voy a decir, pero que seguro sabes de más de uno) donde sólo conoces de su vida, actos de bondad, cualquier otro rasgo de su personalidad, es eliminado, no vaya a ser que se te ocurra salirte del camino y tomes como referencia otra cosa y no la que te dictan.

            Entonces, el autoestima, es como el unicornio, hermoso, deseable, pero sólo imaginario, de este modo, por su puesto.  Cuando ya no intentes tener el reconocimiento, de nadie, o sea, que ya no te interese demostrarle a nadie, qué o cuánto tienes, sabes o haces;  que ya no esperes una palmadita en la espalda o el aplauso (no digo la estrellita en la frente porque suena muy pueril), pero es eso, esperar todo el tiempo a que te califiquen, que todo y todos tengan siempre  autoridad sobre ti; pues nada, el autoestima no subirá por más frases bonitas que repitas, conferencias a las que vayas, o cualquier otra cosa que se haga para lograrlo. Hasta que decidas a sólo pedir tu opinión (que viene siendo un permiso en realidad) para valorarte, tal y como eres o como quieres ser, sin más referencia que la tuya.

       

      



jueves, 17 de septiembre de 2015

Enamorarse y amar no es lo mismo.

Cuando nos enamoramos
De acuerdo a nuestros conceptos del amor, y digo nuestros, porque casi todos tenemos una misma concepción al respecto, y si no, hablo de esa; esa que la mayoría conoce. Donde  demanda ciertos requisitos para conformarlo, tales como: sacrificio, servicio,  renuncia, entrega, des-individualización y un montón más de “cualidades” que se despiertan en ese instante mágico, en que según las hormonas o la química corporal, sucede;  que además no pasa con todas las personas, sólo con la indicada. Que aparece en cualquier momento y lugar, la mayoría de las veces inesperado. Tiene fecha de caducidad, aunque en esto,   no se han  puesto de acuerdo con la duración, que va de meses a lo mucho 2 o 3 años. Contraponiéndose  a la idealización del amor (éste mismo concepto bajo la educación impartida) que es el matrimonio para toda la vida, porque la sociedad así lo necesita y determina, por muchos renegados que no estén de acuerdo o vicisitudes que lo atraviesen.
     Bueno, esto no es más que el enamoramiento vil y crudo, donde la ciencia se ha encargado de  explicar que hormonas intervienen y como hacen, para que de verdad creas todo esto; una vez convencido, no te queda más que estar a la expectativa, porque además es algo que ningún humano se salva de experimentar o lo deseé así, aunque sea en lo más oculto de su ser.   Cuando ocurre o crees que ocurre, simplemente por comparación de conceptos reconocidos  (los que desde niño te instruyen, por todos los medios posibles)  pero claro, también con un gran miedo, porque ya sabes de antemano que eso no es para siempre, que se acaba, que invariablemente de las circunstancias con que aparezca, o lo que tú hagas,  está destinado a morir. Lo que como resultado tiene, es que el matrimonio o las relaciones largas son sinónimos de utopías,  imposibles de lograr (dentro de esa idealización); por supuesto, nada sobra ni aparece de aquellos despilfarros hormonales que nos motivaban a estar juntos, ilusionarnos en un futuro lleno de planes ideales. Lo  que queda es un vínculo pesado, aborrecido, que sólo se sostiene por vástagos en común, intereses económicos, chantajes sociales o familiares,  únicamente  para valientes o cobardes que lo mantengan en estas condiciones tan desfavorables y tan obligatorias según pugna la mayoría (porque de ello, lo        que sobran son chistes al respecto).
   Lo más triste de todo lo que has aprendido o te han enseñado,  que por ende lo das como verdad absoluta e irrefutable, es  de tu participación en ello,   nada puedes hacer al respecto, pues depende de tu suerte, de la cual  no eres un  más que un monigote o como en la lotería, donde el afortunado sólo es uno, que cuenta con la gracia del que mueve los hilos arriba, por razones desconocidas, independientemente de que lleves un record de buenas obras en tu haber o todo lo contrario.  
     Fuera de lo que nos convencen o nos hacen imaginarnos tantas historias de amor,  rosas o negras,  ese enamoramiento se da como consecuencia de tu psiquismo. Todo tu psiquismo o podemos llamar el software instalado en tu CPU, se conforma en los primeros años de vida, son las herramientas que tienes  para enfrentarte a ella, algunas vienen con fallas de fábrica, defectos con los que se declaran incompetentes ante ciertos problemas.  Que se solucionarán cuando cambies el programa, cuando lo actualices.   Así que tu biología, te hace ciertas jugadas en complicidad con tu software. Una vez que empieza a correr el programa, éste, descubre  similitudes en el otro que te complementan, para lograr un fin específico: resolución de conflictos. Pues resulta que vamos por la vida tratando de solucionar traumas, todo lo que se convirtió en un drama para nosotros,  que tuvimos con nuestros progenitores, hermanos o los que fungieron como tal o en ausencia de o los que heredamos en el transgeracional o el proyecto sentido.
     Cuando encontramos una persona que nos atrae, ésta es la proyección más fidedigna con uno de esos  seres queridos que encontramos por el momento; eso que se llama “flechazo”, donde quedamos enganchados de una manera inexplicable, contundente, que nos roba la razón.    Es que detectamos en él o la susodicha inconscientemente (por supuesto),   un rasgo que nos ancla, por reconocimiento de ello en el otro; que puede ser una mirada, un olor, un ademán, un tono de voz, que me recordará a mi padre o mi madre o mi hermano(a), en primera instancia; idealizado (lo que me hubiera gustado de esa relación original) aunque no nos damos cuenta que es así, hasta después de que termina esa ensoñación, y nos cachamos diciendo frases como; eres igualita a …, porque ya se armó para entonces el conflicto original y que como al no percibirlo, no lo solucionamos, sigue haciéndonos ruido, terminando por romper la relación; eso que nos unió, ahora nos choca, nos fastidia.
     Si por cuestiones de empatía y programas, eres correspondido (puede ser que no),  se habrá creado un vínculo  bilateral  perfecto; donde tu papel en la historia será de acuerdo a tus huellas infantiles, tales como abandono, traición, humillación, rechazo o injusticia, donde puede ser una o varias combinadas y estará  en proporción directa con el complementario; uno hará de traicionado y el otro de traidor, uno abandona y otro es abandonado, etc. Siempre en pares, no puede ser de otra manera, como piezas de un rompecabezas que encajan perfectamente en los bordes,  uno del otro. Escenificando la misma historia, cuantas veces sea necesaria para que la reconozcamos hasta que le des solución.
Por fin el amor.
    Pero no todo es tan malo como nos contaron.  Ahora vayamos a desmenuzar qué es el amor. Habrás oído por allí que es una decisión, por lo tanto no es algo que tengas que buscar y encontrar cuando tengas suerte, todo el tiempo está a tu alcance, a que lo tomes en serio.  Requiere de responsabilidad, atención, respeto, y eso sí,  lo podemos manejar nosotros,  lo cual nos va dando una ventaja entre este panorama tan desalentador. El amor a diferencia del enamoramiento, es algo que necesita de nuestra participación más o menos consciente, porque no es un sentimiento, es una acción, una energía; opuesto a lo que nos han hecho creer,  es lo que hace que valoremos una cosa o persona y le pongamos nuestra atención para que crezca,  para hacerla brillar, es una energía que expande lo que es tocado por ella. Lo cual implica que hay una intención de por medio, no es automática,  sólo puedes amar aquello que conoces o que ya tienes, jamás algo desconocido, eso es sólo deseo.  Por ende, entre más conozcas a una persona, más razones tendrás para amarla, si esa es tu decisión, bastará con no estar presente para que desaparezca, echando abajo el mito de que si amas a alguien jamás lo dejarás de amar o sólo podrás amar una vez en la vida.
     De forma diferente a lo que nos han dicho, el amor puede tener o no un enamoramiento previo, o sea, que sí ese fue el mecanismo de encuentro, y resuelves el conflicto que generó la atracción, darás paso al amor, porque dejarás de hacer viejas proyecciones en tu pareja,  para conocer y aceptar a la persona que tienes enfrente; pero también puede ocurrir que encuentres una persona que creas que tiene los atributos que necesitas para compartir un proyecto de vida juntos,  decidir entonces amarla(o). Esta energía, estará el tiempo que tú decidas sostenerla, y la manera que lo desees, como cuando quieres que crezca un negocio, una empresa, estás continuamente inyectándole energía con tu dedicación,  con el tiempo y esfuerzo invertido en ello, tu creatividad, tu ilusión. Y al igual que pasa si dejas de cuidar de tu empresa, tu amor también fallece, no por destino, sino por descuido, inanición y desinterés. Habrás comprobado con el trabajo del gimnasio, que eso es muy ejemplificativo;   no importa los  años  que lleves construyendo y manteniendo un cuerpo, en el momento que lo dejas, no pasa de un mes, cuando empieces a perder todo lo ganado. Así de simple es.
     Para que esto se dé, tú ya necesitas ser una naranja completa y no andar buscando mitades. No es buscar una compañía, para rellenar una soledad, una pasión para un vacío, una risa para un dolor. Es compartir todo lo que eres como un ser completo y realizado con otro igual.          
    
    


viernes, 28 de agosto de 2015

¿TE ESCUCHAS CUANDO HABLAS?

Supongo que cuando hablas tienes idea de lo que dices, tienes conciencia de que estás emitiendo un mensaje, pero, ¿Tienes consciencia de qué hablas cuando hablas? Aunque son homónimas, consciencia y conciencia, no quieren decir lo mismo. Consiente, es qué sabes dónde estás, qué estás haciendo, qué sientes físicamente. Consciente es la parte que sabe la intención, sabe un para qué y un desde dónde. Por ejemplo, si estoy desayunando fruta, estoy consiente de su textura, sabor, que me dio hambre y estoy satisfaciendo mi necesidad de alimento;  sin embargo,  puedo estar consciente o no de por qué elegí lo que estoy comiendo, de todo el proceso de digestión que está ocurriendo mientras mastico y saboreo esa fruta, tampoco qué detonó el antojo y la elección; si eran mis niveles de azúcar, o por satisfactores meramente emocionales.  
     Este mecanismo nos da una clara muestra de   cómo,  lo que ocurre a nuestro alrededor está muy lejos de decir que sabemos lo que hacemos, no de una forma completa. Pero además, nunca nadie nos explicó, que lo que decimos no es lo mismo, de cualquier manera que podamos hacerlo, las palabras que usamos son de suma importancia. No sé si es la primera vez que lees sobre el uso de la palabra, no de ortografía o gramática (que también es importante), si no sobre lo que dices, lo significante.
     Hace un tiempo ya, que empecé (o más bien retomé) este camino de conocimiento alternativo, por decirlo así; que diera respuesta a mis inagotables preguntas,  buscando también un sendero más espiritual, y como el que busca encuentra, di con una serie de autores que me fueron llevando uno a otro. Creo, aunque ya no estoy muy segura, que fue  Louise H. Hay, a la que le leí por primera vez sobre los pensamientos y palabras que crean nuestra realidad. En ese entonces me pareció extraño, muy fácil de hecho,  pero me parecía lógico, así que decidí creerle.  Cambié ciertas perspectivas de mi ideología, hubo algunos pequeños cambios notorios en mi vida, a pesar de que mi constancia era errática, y que suspendí por un tiempo mi cercanía a los libros por circunstancias de la cotidianeidad.  En el retorno a esto, me di cuenta que por muy diferentes que fueran los motivos, el camino andado de cada autor, su idiosincrasia, su entrenamiento; todos coincidían con el poder de nuestra palabra, como elemento creador.
     Algunos libros como El Secreto, El poder de la Palabra, La  palabra es tu varita mágica, y muchos otros más, se basan en que es muy importante que digas decretos o frases para lograr lo que quieres. Las Iglesias por su parte, todo lo engloban en orar (hacer peticiones o decretos), aunque en ambos, la fuerza de la creencia o lo que llaman fe juega un papel protagónico, pero como no te explican cómo funciona, entonces puede ser que algunas cosas te resulten o lo logres a medias. Porque al final, terminas haciéndolo de una forma mecánica (otra vez de manera inconsciente).
      Cuando en las Cosmogonías o Biblias, nos cuenta que Dios dice, y al hacerlo crea el mundo, ya nos habla  mucho sobre este poder de la palabra, el Logos; pero como no vemos más allá de lo que nos enseñan, lo más probable es que al igual que yo, nunca  habías reparado en ello (ahora me parece tan lógico), que me preguntó cómo nunca se me ocurrió verlo así.  
     En un escrito anterior que hice sobre las Leyes Herméticas, explico brevemente la ley de la Vibración. El habla es vibración y nosotros también. Si a la palabra como la conocemos le quitáramos los significantes que tiene, sólo serían sonidos, por lo tanto vibraciones, lo que emitimos, cada que invocamos (poner en la boca) llama a algo, que después se densifica en nuestra realidad. Aquí, entra  en juego también la Ley de la Atracción (similar atrae lo similar). Acercamos o alejamos de nosotros cosas o personas o situaciones por la vibración que emitimos y como lo  que nosotros manejamos para comunicarnos es el lenguaje hablado, la palabra es un vehículo importante en este proceso de creación.   Si ponemos como un ejemplo, dos palabras que sean sinónimos tales como: alimentar y comer,  que suenan muy diferentes, aunque su significado sea para la mayoría de nosotros lo mismo. No tendrá  el mismo efecto para mí,   en caso de que ésta fuera la palabra que ocupara para pedir algo al respecto, si en mi vibración la que es compatible sea comer, y yo utilizo alimentar; no atraeré lo que quiero, o incluso lo puedo bloquear. Esto sin contar si realmente cuando decreté u ordené algo (donde ni cuenta me di cuando lo dije),  que efectivamente manifesté de forma correcta lo que tenía como idea en la mente.
      Cuando mandamos un mensaje de texto, que no está claro, o que se entendió de manera inadecuada, después podemos darnos cuenta de dónde estuvo mal escrito, porque lo podemos leer  nuevamente. Sin embargo al conversar de manera cotidiana, no reparamos en lo que dijimos textualmente, aunque lo hayamos dicho instantes antes, así que resultará casi imposible detectar algo, si no le pusimos atención (cosa que generalmente hacemos).
     En este punto, empiezan a tener más sentido, el porqué, hay cosas que se pasan como recetas, que a algunos les funciona y a otros no. Son como los chismes, de voz en voz se van corrigiendo, aumentando o degradando de acuerdo al sentir de cada emisor, hasta que termina en algo totalmente diferente al origen.
     Por otro lado,  no sé cómo lo descubrieron,  pero se supone que todos los días tenemos como 60 mil pensamientos navegando en nuestra cabeza, aunque a pesar de ser tantos,   día a día son los mismos; te podrás imaginar cuántas veces pides y piensas en algo, que crees que no pasará o que lo deseas así.  Pides por pedir, sólo hablas de terceras personas, de lo que no te gusta.  Aunque tú no te escuches, imagínate que hay un genio colgado en tu hombro, a la espera de tus órdenes, o lo que él va a tomar como una orden a seguir. ¿No crees que vale la pena, pensar antes de hablar?




domingo, 28 de junio de 2015

La muerte, esa temida amiga.

A pesar de que dicen que los mexicanos nos reímos de la muerte, me parece que  eso es “de dientes para afuera”, tal vez cuando se originaron las tradiciones podría ser, aunque aún persisten, desgastadas,  degeneradas o híbridas,  realmente solo se siguen por mero conductismo, han perdido totalmente la esencia y sentido por el que se hacían. La muerte es un ente al que,  más que respeto, nos han enseñado a temerle, bueno, en lo personal, no conozco a nadie que no le tenga su temorcillo.
     Cuando hablamos de muerte o mencionamos su nombre, sólo nos viene a la cabeza, el día que partiremos de este mundo.  Y desde este punto, quiero comenzar, el pensar en tener una muerte física, en general no lo queremos enfrentar, es aquí donde se origina ese miedo. Porque ya lo experimentamos al nacer, morimos del vientre de nuestra madre, para vivir en este mundo;  ésta experiencia traumática nos marca tanto, que le tememos. Pero hay otro punto, la muerte no existe, obviamente, para transitar en este mundo en el que vivimos, necesitamos encarnarnos en un cuerpo, éste sí es mortal, tiene una caducidad, pero nuestro ser es infinito.
       Si nos permitimos  ver esto de otra manera, si ampliamos un poco nuestro rango  de observación a este concepto,   nos daremos cuenta que nosotros constantemente vivimos muertes, cuando por ejemplo, pasamos de un grado a otro en la escuela, o dejamos algo para iniciar otro; cada etapa, cumple con ese ciclo: nace, crece, se reproduce o desarrolla   y muere, termina, finaliza; no se le puede llamar de otra manera. Además esto ocurre para evolucionar, para ir adelante; dejamos la niñez para ser adulto, nos salen dientes cuando necesitamos otro alimento que sólo la leche materna. Una etapa perece cuando su función ya es inútil o insuficiente, cuando necesita un reemplazo para evolucionar, todo tiene este fin.
       Al  acabar una relación también  (este punto quiero ampliarlo), no sólo es la amorosa, porque decimos relación y sólo pensamos en la de pareja, entra en esta categoría todo con lo que nos relacionamos, una mascota, la dueña de una tienda, un banco, un equipo, una transacción. Tenemos relaciones de unos minutos, de horas, de días, de años. Si lo ves con más detenimiento, dura lo que es necesario. Entre millones de personas con las que te puedes relacionar en el mundo, no es casualidad que te encuentres con algunas, todas ellas, tienen algo para ti o de ti para ellas, y por eso han coincidido en algún momento. Salvo que si no estamos atentos, nos perderemos de esa enseñanza o ese mensaje. Vendrá en otra oportunidad, cuando volvamos a estar listos para recibirla, puede ser que con la misma persona, pero no necesariamente. Lo que sí será pertinente, es repetir el número de veces que haga falta alguna circunstancia, para tomar lo que de ella necesitamos aprender, sólo entonces aparecerá nuestra amiga para abrazar eso.
      En nuestro cuerpo sucede lo  mismo, a diario,  cada instante, pero como no estamos acostumbrados a observar-nos, no lo percibimos. Todos los días para que nosotros nos mantengamos con vida, dentro de nuestro cuerpo ocurre la muerte de miles de células para crearse nuevas, de lo contrario estaríamos pudriéndonos día a día. El día y la noche, es otro ejemplo de este tipo de ciclos.
     Cuando la muerte aparece, lo sabemos, aunque no queramos enterarnos o aceptarlo. Cada que sentimos una experiencia de incomodidad, de no pertenecer, incluso como traer una carga, es que ella se está presentando, pero hay un anclaje o apego a seguir en la misma situación. Si nos sentimos así, es porque ya no es nuestro lugar, porque es algo que ya no necesitamos, para continuar nuestra evolución lo que se requiere es avanzar, pero como esto no es obligatorio, la circunstancia en cuestión se sigue manteniendo hasta que sola se pudre literalmente. Todo este proceso, nos trae sufrimiento, pero sólo porque lo vemos como una pérdida, cosa que no ocurre cuando nos queremos zafar de algo, ahí al contrario, estamos apurados por salir, por dejar. Si todo lo empezamos a ver como parte de una transición tanto, como si es agradable o nos desagrada, evitaríamos resistirnos a esto, lo que sea, o como sea y fluiríamos fácilmente. No estaríamos deteniendo algo indefinidamente sólo por placer o dolor. A sabiendas que siempre hay algo más, cuando “pierdes” algo, otro lo sustituye, es una ley natural, nada en este universo está demás o de sobra, tiende al equilibrio, constante y automáticamente;  cuando tú haces un espacio, éste se cubre sí o sí, inevitablemente. Lo mismo si no llega, es porque algo ocupa ese lugar, y no aparecerá hasta que esté vacío.

     Si adoptáramos con más alegría y facilidad, que nada es eterno, que todo está siempre bien, ese miedo pronto desaparecería, ella ya no sería un ser temido, sino hasta buscado, porque ¿A quién no le gusta saber que avanzó, que pasó el examen? Todo es tan sencillo, como empezar a ver las cosas de otra manera. Así tal vez entenderíamos un poco, porque nuestros ancestros la celebraban. Además, sabiendo que tenemos una eternidad por delante, podemos tomarnos el tiempo que queramos en aprender.