jueves, 4 de febrero de 2016

!Quiero ser una bruja!

Hubo una vez, hace mucho tiempo, donde creí que ser una princesa era algo mágico, increíble y muy deseado. Suponía que era un estado ideal de belleza, riqueza, reconocimiento y bla, bla bla; cosas que parecen importantes desde la visión deseosa e idealizada de una chiquilla. Tal vez estaba todo encaminado a que pasaran los años y  la princesa, fuera desplazada por la protagonista de la novela televisiva, lo cual no dista mucho del personaje que le precede: ingenua hasta el grado de tonta, de una nobleza cegadora (apegándose fuertemente al mito religioso de servilismo al prójimo, próximo y lejano), con un desinterés personal que aparentemente es bien visto por no ser egoísta, pero si la sentáramos  en el diván del Freud, su autoestima estaría tan por los suelos,  que sólo convivía con animales rastreros o minúsculos, y ni hablar de su proyecto de vida, totalmente inexistente.
     Por otro lado, aparecía un personaje de mayor impacto y poder, pero mal nombrado antagonista, porque ya de entrada casi nadie quiere verse identificado con él, bueno, en este caso ella. La bruja, la malvada, que tiene poder pero sólo lo usa de manera cruel, desalmada y egoísta, esa palabra de tan mala reputación. Además acompañada de rasgos indeseables como la vejez y la fealdad, contrarios a la juventud y belleza,   dotados para la princesa.
     Cualquier estudiante incipiente de literatura sabe que el papel protagónico de una novela es generalmente con el que se va a identificar el lector, es el más importante de la obra porque es del que se cuenta la historia, y que aparece en casi todas las escenas o capítulos según el tipo de obra. Los demás papeles al ser secundarios o complementarios pierden importancia ante un protagónico, he ahí el meollo del asunto a tratar.
      En la mayoría de las historias, la heroína no tiene nada de héroe, lo cual me parece muy tendencioso; aunque es la protagonista, es un personaje que no tiene poder en sí misma, es muy vulnerable, totalmente dependiente, manipulado por ignorancia, fuertemente adaptado al sufrimiento, ya que su vida es un constante drama. Donde llega a un desenlace,  no, por cualidades tales como disciplina, coraje, valor, planificación, etc., sino que se escapa de la tragedia por su belleza física, dulzura e inocencia, rasgos innatos o que no necesitan ser trabajados, o sea, que si naces así, ya la hiciste, pero si no, no tienes opción, al menos de ser una princesa.
      Por lo tanto, me he preguntado, a quién o quiénes les convenía que el mundo estuviera lleno de mujeres que soñaran con ser princesas, para después criticar y censurar esa parte infantiloide, que en una pareja o un empleado es insufrible, pero que durante mucho tiempo ha sido incitada, abonada y aplaudida en el comportamiento femenino infantil, como si, no supieran que lo que se siembra es lo que se cosecha. Ya una vez puesta una semilla, sólo es cuestión de tiempo para que se convierta en el fruto que lleva dentro.
     Ahora que si se secciona a la antagonista, la detestable bruja malévola, creo que también fue muy tendencioso este otro personaje, porque así se aseguraba que una fémina, no fuera a identificarse con el poder, la magia, el liderazgo, ya que era representado por algo indeseable para todos.  Así era tan fácil relacionar éstas características con la maldad o algo malo, y con lo inculcado que llevamos de ser buenos, nadie por elección desea serlo. Agregando a todo esto, otro ingrediente igualmente dañino: la envidia,  que además pertenece a los siete pecados capitales, para que no se le reste importancia e iniciando así la rivalidad infinita entre mujeres, ya que ésta emoción era la que movía principalmente a la bruja contra la princesa, para arrebatarle las cualidades que le fueron negadas a ella o quitarla de su camino por intereses personales, llámese  un reino, el príncipe consorte o el amor de su padre; porque aún con el poder y la sabiduría, ella quedaba derrotada ante la belleza física, juventud y candidez de la dulce princesa. Dejando claro que ella no se podía fiar de nadie, al menos no de las demás mujeres del cuento,  que pasaban a ser rivales. Casualmente huérfana de madre, una madre debilucha de la que ni siquiera se mencionaba su ausencia o la razón de ello.
     Luego entonces con un inocente cuento (pero todos con ese patrón), al desear el papel protagónico e identificarnos con ese tipo de personajes,  estábamos destinadas a buscar o perseguir ciertos atributos para tener una sola meta: que un príncipe nos rescate, (obviamente heredero del reino o sea millonario, de esos que te encuentras por todos lados ¡aja!) al cual, sólo lo  conquistaremos por nuestra belleza, como único atributo a ofrecer, ya que no se habla de afinidad ni nada parecido, no sabemos nada más allá de la historia, ni siquiera imaginada, porque la susodicha jamás da pistas de qué espera de la vida;  suponemos que además con conseguir una pareja en una buena posición económica, que alejará para siempre el drama de su vida como por arte de magia.
    En nuestro reino de carne y hueso, toda mujer que sea ambiciosa por mérito propio, tenga personal a su cargo, o sea poder, sobre todo en el mundo laboral, es catalogada de bruja, sobre todo por las princesas (esas que están sentadas esperando); independientemente de que para sobrevivir aquí, hay características necesarias como tenacidad, ambición, disciplina, liderazgo, inteligencia, estrategia, mismas que se requieren en un hombre, sin afirmar que sean exclusivas de algún sexo, solamente que son más fomentadas en ellos, o se da  por hecho de que son innatas, lo cual es un gran mito.

       Si nos aventuramos a pensar qué hubo más allá del “felices por siempre”, ¿Qué pasaría cuando la princesa se convierta en reina y tenga a su vez princesas? ¿Se volverá malvada por eso? ¿Cuándo su juventud se pierda en el pasar de los años? ¿Se le seguirá viendo bella o ya no? Creo que sería conveniente empezar a crear otros personajes más completos, menos inútiles, para que vayamos adoptando otros en la vida real, que no se sientan amenazados tan fácilmente, ni la rivalidad sea el pan de cada día. 

miércoles, 6 de enero de 2016

¿POR QUÉ A MI?

Esta es una pregunta que al menos una vez en la vida te la habrás hecho, en ese momento de desesperación e impotencia, cuando dentro de tu entender, no tienes una explicación para dejar tranquila la lógica que se juega en tu cabeza. Y supongo que  la has escuchado muchas veces también, hay personas que incluso la llegan a usar como mantra, de tan cotidiano que la repiten.

     Si llegamos al punto de hacernos esta pregunta, es porque nos descubrimos en un callejón sin salida,  porque creemos firmemente que hay un Dios, destino, o cómo prefieras llamarle, que nos eligió entre los demás para hacernos la vida pesada, sin ninguna justificación, y me atrevo a afirmar lo último, porque si creyeras que fuera justo, no te quejarías de nada. No quiero entrar en controversia con las creencias inculcadas de acuerdo a tu formación. Pero si esto es así, no tienes un papel protagónico en tu vida, sólo sigues un guión predeterminado por tu familia, padres, sociedad, tu Dios, o el destino. Por lo cual,  no sé si te has preguntado, ¿Qué caso tiene nacer? ¿Para qué vivir una existencia que alguien (quien sea) escribió de antemano cómo iba a ser? No le encuentro sentido. Yo me he hecho cantidad de veces estas y otras preguntas, de ¿por qué me pasaban cosas que yo considero desagradables? y sin embargo no sucedían las que  deseaba, asumiendo que seguía el camino correcto, sin éxito. Además encontrando ejemplares a los que aparentemente todo les funciona bien, haciendo todo incorrecto de acuerdo a mi juicio, que no entendía, pero sucedía. 

     Y así, entre muchos cuestionamientos  por fin encontré algunas respuestas, un poco de aquí, otro poco de allá;  descubrí, que para empezar, casarte con una ideología, es el primer error, "nadie experimenta en cabeza ajena"  al adoptar como verdad absoluta algo que a alguien o algunos les ha funcionado, no quiere decir que sirva para tu caso, y posiblemente sea así.  Experimentar es lo que te enseña, o desengaña; no lo que te cuentan, así que como primer consejo, te diría que no te creas nada, y empieces a probar lo que oyes o se ocurra, a modo de prueba y error, así sabrás con seguridad qué te sirve y qué no.

     Dada mi naturaleza curiosa, empecé a meter la nariz por todos los lados que pude, y coleccioné información: hermética, chamánica, cabalística, de diferentes culturas,  filosofías, contemporáneas o antiguas,  etc., entonces comprendí que todo es sólo una parte de un todo, que complementa, para formar tu propia idiosincrasia, la que es útil para ti, como un traje a la medida, y que también pueda modificarse de acuerdo a la ocasión, una estructura inflexible y cerrada como nos hicieron creer, que era una personalidad estable, nos limita muchísimo, porque sólo nos da las mismas opciones para todo funcionen o no, y por eso es que más de una vez te has encontrado en ese callejón tapiado.

     Regresando a ¿Por qué a mi?  me topé nuevamente con eso de  que sólo ocupamos el 10% de nuestro cerebro; al menos, cuando yo oí esta frase por primera vez, me pregunté "n" cantidad de veces, de qué manera podía aumentar mi capacidad, porque era algo que me parecía muy seductor,  aunque era otra de las preguntas guardadas en el cajón sin respuesta. Bueno, pues por fin estaba ante una explicación, que adopté, porque me pareció lógica, coherente y con sentido. Sólo ocupamos y ocuparemos ese pequeño porcentaje, mientras tengamos juicios, así de fácil. Cuando estamos ante algo (cosa que es todos los días) y discriminemos, como bueno o malo,  nos limitamos. Al decidir, que algo o alguna experiencia es buena, rechazamos la otra, y todo lo que involucra; esto a primera instancia, porque también encierra otra monada, resulta que nuestra estructura mental se forma por medio de lógicas, sólo lo que tu cerebro o tu hemisferio izquierdo mejor dicho, acepta como lógico, coherente, en pocas palabras lo que conoce, por lo tanto se refiere a lo que tú has coleccionado como sabiduría, no va más allá; llega a donde le enseñaron que estaban sus límites. Para poder aumentar eso, tienes que romper esquemas, aceptar parte de lo desconocido; lo que tu estructura mental va a rechazar casi en automático. Razón por la que te metes en problemas, cuando no tienes solución, o simplemente das la que conoces y que no te va a llevar a ningún lugar distinto, siempre al mismo. Vamos a ver por qué llegamos a esto.

      Pues bien, cuando nacemos, llegamos a esta vida por la intención de  un otro (nuestros padres o alguno de ellos al menos), sin ella no ocurre el embarazo, claro, esta intención puede ser consiente o inconsciente,  en ésta ya va un propósito, tal vez justificación para casarse, para no separarse, para hacer compañía, para cuidar la empresa, en fin, pueden ser muchas. Esto nos programa, al igual que un programador de software, hace diferentes comandos que llegan a un límite, un ciclo, y discriminaciones preestablecidas, que obedecen a tu diseño original.  Mientras vamos creciendo, hasta los 7 años más o menos, hemos seguido siendo adicionados por otros programas más, del colectivo, de la familia, que nos va moldeando hasta hacernos lo que llamamos nuestra personalidad, que encierra el carácter, las preferencias, los no gustos, y todos nuestros límites morales y de valores sociales que nos hayan insertado. Nos encontramos muchas veces diciendo: yo soy bueno para esto, pero para esto soy pésimo, de hecho,  esto también está programado. ¿tú crees que tendrías las mismas cualidades o aptitudes que tienes ahora, si hubieras nacido en otro país, con otros padres, con otra religión? la respuesta obvia es no.

       Además de nuestras programaciones, cada que nosotros vivimos una experiencia desagradable o traumática, en nuestra psique se graba una historia, de esa historia, una escena,  que también nos programa, para revivirla y darle una respuesta diferente a la que dimos o porque no la dimos. Que nos hace vivir un ciclo que se repetirá incansablemente hasta que le demos solución. ¿Te acuerdas los problemas que nos ponían en la escuela para saber si ya habíamos aprendido le lección? Nos ponían distintos planteamientos para utilizar las fórmulas o las ecuaciones que nos enseñaron, pues esto es ni más ni menos que lo mismo. Tendremos que aprender a ver nuestros problemas o lo que nosotros llamamos así, de otra manera, enseñarnos a reconocer qué estamos orquestando, contra nuestra voluntad (la consciente), descubrir el origen de esa programación para cambiarla, o incluso adelantarnos a lo que sabemos viene después. Así que cuando te encuentres preguntándote eso, detente un poco y cambia la pregunta por varias, como: ¿Para qué llegué aquí? ¿Que me hace terminar en ese lugar? ¿A dónde quería ir? ¿Qué es lo que me desvía del camino que quiero? ¿Qué necesito adoptar para cambiar los resultados? y bueno, las que se te ocurran, pero que te hagan pensar en otras salidas, o al menos saber que tú llegaste allí, porque sigues siempre misma ruta, que llega al mismo destino invariablemente,  y sólo  tienes algo  que modificar, lo cual me parece maravilloso, no sé a ti, porque solo de ti depende. 

   
   



sábado, 7 de noviembre de 2015

¿Por qué no me valoro?

Después del autoestima, te voy a hablar de valoración, tú valoración, porque a como yo lo veo o lo entiendo, no te sirve de mucho sólo saber de ella,  porque es como ponerte a caminar en vueltas sobre algo que no te lleva a ningún lado, Y si lo dejamos así, haría exactamente lo mismo que exponía en el escrito anterior, de nada sirve un conocimiento sino tiene aplicación. También agregué la culpabilidad, porque aunque no se conocen como antónimos, más o menos funcionan así, ya te lo explicaré.


¿De dónde nos viene esto?

     Primero, lo primero: hasta ahora, ¿Cómo te valoras? _ Si  empezaste mentalmente a hacer una lista de los atributos que dicen que tienes, vamos mal. Porque esa es la valoración de otros con respecto a ti, no la tuya. Y no te culpo, realmente te entiendo, como lo dije en el ensayo anterior, estamos "adiestrados" para eso,  como las mascotas,  si hiciste algo bien te dan un premio, si por el contrario, no salió como esperaban, te hiciste merecedor de un castigo. Así fuiste creciendo, cuando entendiste la mecánica, buscaste en automático el resultado que querías (¿o querían?). Si te fijaste, recalqué en negritas que el verbo está conjugado en segunda persona plural, o sea, valoración sobre la referencia de otro(s). Tampoco podemos culpar a nadie de este modo de hacerlo, que es el que hace todo el mundo (bueno, al menos el que nosotros conocemos). Pero si te interesa salir de esa esclavitud de reconocimiento externo y pasar a tuyo propio, espero ya estar en el punto de que me lo entiendas.

Las Etiquetas
     Dentro de esta forma de valorar o catalogar se requieren de etiquetas, rápidamente, piensa en un círculo donde te muevas, familia, trabajo, escuela, etc. Encontrarás el serio, el inteligente, el simpático, el servicial, el malo, el desordenado, y un sin fin de etiquetas más, las puse todas en masculino, pero se aplican al otro género por igual. Si te das cuenta, tomando por ejemplo una; el serio, él o la susodicha en cuestión, se comportará si o si, de  la manera que la etiqueta lo indique, como si fuera su única opción. Primero puedo haber sido motivado con órdenes positivas en casa, alentando y aplaudiendo ese comportamiento, para reforzarlo. Después, si el incauto, se empezó a identificar con su catalogación, tanto porque le era fácil hacer el mismo papel, o era la manera en la que conseguía algo, la  expandió, ya no sólo decidió ser el serio de su casa, sino también de su escuela, grupo de amigos, trabajo, etc. . Hasta que el molde le quedara tan ajustado que no le permitía tomar otra forma.En algunos casos que ese corsé llega a ser tan incómodo o pesado traerlo, puede tener una válvula de  escape con el envés de su papel, pero sus allegados, seres "queridos", se preocuparán y rápidamente lo tacharán de bipolar, por lo tanto de enfermo, que podemos traducir de no autorizado.
     Una etiqueta tiene mucho peso, y si no, sólo recuerda ¿Cuántas veces tomaste una decisión sobre alguien o algo, sólo porque te basaste en los dichos de otras personas sobre ellos? porque es como un virus, se contagia. ¿Cómo te refieres a los demás? Haz mentalmente tus clasificaciones, y cómo responden ellos para contigo de acuerdo a esa percepción. Si criticas o te quejas del personal de las oficinas a las que acudes, ¿Cómo te va con eso cuando tienes que ir? ¿Coincide el resultado con tus pre-juicios sobre ello(s)? Estoy segura que siempre tienes razón a lo que opinas, porque ese el truco,  siempre vas a tener la razón sobre lo que crees. Va a funcionar así para ti, tanto si es positivo como negativo lo que opinas de lo(s) demás. Si no lo has tenido claro aún, piensa en esa persona que es "tan buena" contigo, ¿Está dentro de tus clasificaciones positivas? Y los que supuestamente te tratan mal, ¿Cómo están catalogados dentro de tu escala? Imagino tus respuestas.  Esto se llama "La profecía autocumplida" frase del psicólogo Robert K. Merton, dónde explica por qué una definición "falsa" se convierta en verdadera, Sucede así porque tú te vas a comportar con respecto a el sujeto definido de una manera que el conteste en automático a tu comportamiento cotidianamente. 
     Otra cosa que sucede con las etiquetas, es que te limitan mucho en la vida, porque si te vas a apegar a ellas, no puedes o no sabes o no quieres comportarte de manera distinta. Si las tomamos como herramientas, y una equivale a un martillo por ejemplo, cuando te encuentres con situaciones donde requieras usar un martillo, te irá muy bien, pero qué pasa si lo que necesitabas era una pinza o un destornillador, no te va a ser útil. Regresando al serio, él funcionará perfecto en ciertos lugares, pero en una fiesta donde quiera conocer a alguien, fracasará por completo. 
     Ahora bien, ¿De dónde te viene esa etiqueta? para seguir con el punto inicial. No es más que la valoración que te han puesto los otros. ¿Dónde está la tuya? probablemente te des cuenta que no has tratado nunca de experimentar más allá de lo que te han dicho que hagas. ¿cómo puedes tú saber si un traje te gusta o sienta más que el uniforme que te han elegido y que vistes todos los días?.

     Valórate
     Si algo ya llamó tu atención respecto a lo que he estado hablando, el paso siguiente es, si me quiero empezar a valorar ¿Qué hago? Esto es lo más fácil o lo más difícil, dependiendo de ti. Porque dado que no somos iguales, lo que para una persona puede tener valor, para otra no vale nada. Más sin embargo, puedes empezar con invertir un poco los papeles con respecto a los demás respecto a ti. Todas esas cosas que haces para los demás ¿Las haces para ti? Si inviertes tiempo o dinero en otros, ¿está a la par del que destinas únicamente para ti? Si contestaste que no, sigues dependiendo de la valoración externa, lo haces para que te valoren. ¿Qué pasaría si tu comportamiento o decisiones no dependieran de lo que opinen los demás, incluso si no van a estar para nada de acuerdo? ¿Te atreverías a hacerlo si  "perdieras" lo que consigues por complacerlos? Tal vez es complicado nadar, cuando ni siquiera te has zambullido nunca en el río, o empezar a a caminar si todavía no te paras del suelo. Pero poco a poco se empieza a ganar confianza para hacerlo y esa por inercia te llevará más lejos. Sólo requiere de que te decidas a hacerlo.  
     
     La culpabilidad
     Te has dado cuenta que hay cosas que has intentado hacer, o hecho, pero no las disfrutas porque crees que le haces daño a alguien más. A no ser que eso, sea que estés golpeando, matando, robando, o maltratando a ese alguien, de ninguna manera le estás dañando. No porque te vayas al cine y elegiste por primera vez la película que deseabas y no cediste ese privilegio al que te acompaña, sea la causa de tu malestar. Eso sólo se llama CULPABILIDAD, este gran invento no fue hecho con otro fin de molestarte, para joderte la vida (ten  siempre en cuenta eso). La culpa aparece porque te sientes en deuda todo el tiempo, nadie que la sienta se puede valorar ni un gramo.
      Si eres de los que creen que un  gracias, no es suficiente, estás en el grupo de los culpables. Partiendo de que ese agradecimiento, fue por algo que alguien te dio por gusto, no porque lo obligaste. Claro que si  ese alguien lo hizo para conseguir algo que no te aclaró antes, es problema de él o ella y no tuyo. Como ves, todo es muy fácil y relativo. 
       Regresamos al valor que pones , si tu crees que lo que das o haces por los demás no es suficiente por lo que recibes, es porque le das poco o ningún valor a lo tuyo. El tiempo, el dinero, la compañía, etc, que tú compartes con ellos sólo tendrá el valor que le des y que le dé el destinatario,  no hay una tabla en el mundo entero que diga cuanto vale un abrazo tuyo o de cualquiera o una hora de tu tiempo, igualmente del de otro. Si tu decides que lo que das  está por debajo de lo que te recibes,  siempre te sentirás en deuda hagas lo que hagas. Pero ese valor lo has elegido tú, o has elegido a las personas que exigen de ti más de lo que le puedes dar. El caso es que,  es tu elección exclusivamente. Así que regresando al punto anterior, está fácil valorarte, sólo tienes que empezar a subir los bonos de lo que haces o das, por un lado. Por otro, te has preguntado ¿para qué estás o buscas personas que te desvalorizan? ¿O mejor aún por qué crees que no te valoran? Ahora no te dejo una conclusión a propósito, con la idea de que la consigas tú, sólo espero que mis preguntas te ayuden un poco a encontrar lo que andas buscando. 


sábado, 17 de octubre de 2015

El Autoestima





El autoestima como su mismo nombre lo dice es el valor o estima que te tengas, así que aparentemente dependerá únicamente de la calificación que le asignes de acuerdo a la escala que, tú también pongas. Y bueno, hasta aquí, parece que es una situación sencilla de resolver, sólo requiere que la persona sepa que lo adolece y se dedique a quererse, valorarse y ya está. Ese es el meollo del asunto, ¿cómo sabes tú,  qué  tan sana está tu autoestima? Tomando en cuenta que no es una materia que nos enseñen en la escuela, no entra entre la valoración de un certificado médico promedio, no hay una báscula o termómetro o aparato que te avise en qué nivel vas, y lo más importante creo yo, la sobre-valoración del otro (cualquiera que tengas enfrente, atrás o al lado) según nos dicta las reglas de urbanidad, "cede tu asiento", "dale el paso", "comparte tu pan con el hambriento"  etc. que de estos más, hay bastantes.

     No estoy sugiriendo que ahora hay que ser descortés o maleducado, simplemente puntualizar, que cuando vas a valorar más importante,  las necesidades del que tienes enfrente  que las tuyas mismas, pues es un dilema, porque entonces tú quedas de segunda. Una vez,  de cuando en cuando, no le veo nada malo, pero cuando empiezas a tomarlo como estilo de vida,  para este asunto, empieza a ser un obstáculo. Esto por un personaje que te colgaron cerca del oído (quesque la conciencia), que nunca se calla, te amargará la vida, sin duda alguna, si no fuiste "generoso" y "bueno", como se esperaba , que es siempre, no te dicen un determinado número de eventos para ganarte esa bondad, si es  uno de dos o cada diez, da lo mismo, así lo hayas decidido, una de cada cien, ponerte a ti de primero,  con esa es suficiente para sentir la culpa del tamaño de las cien juntas, porque es muy egoísta esa actitud, adjetivo que no es deseable tenerlo en una descripción propia.  

     También nos  han enseñado (creo que esto ya suena a muletilla) aunque de un modo tácito, que somos sujetos a valoración  desde que nacemos, y siempre por alguien ajeno a nosotros, primero nuestros padres, maestros, doctores, amigos, etc.  Nos dicen  cómo estamos, lo que sabemos, tenemos, por ende, lo que valemos de acuerdo a su referencia; al ser una autoridad o porque  tienen nuestra estima o deseamos la de ellos, cualquier escala en qué nos pongan la aceptaremos sin dudar. Puede ser que ésta nos favorezca, o incluso nos sobre-valore, como todo lo contrario.   Si esto sucede desde siempre, además lo vivimos a diario,  lo podemos tomar como lo normal, empañando  nuestra propia valoración. 
       Cuando empezamos a relacionarnos más allá de nuestro clan y queremos formar parte de otro, como el de los compañeros de la escuela o el trabajo. Inicia entonces un juego de deshacer la personalidad de uno, con tal de quedar bien con ellos para ser aceptados, compaginar nuestras opiniones y pasar a ser un clon más del líder del grupo. Donde seguimos el mismo patrón con el que domesticamos las mascotas: premios y castigos, desde los más sutiles a los más grotescos. Y vamos "adaptándonos" perfectamente hasta ser parte de esta sociedad, sin que se destaque mucho. 
        
        Parándome en este punto, ¿Dónde esta el estima propio?, si es que siguiendo por este camino, supe donde exactamente lo dejé. No creo que podamos tener uno sano, por no decir otra cosa más complicada, si no aprendemos a ser AUTO-REFERENTES, lo puse así con mayúscula, porque creo que es muy importante. Mientras la referencia o modelo a seguir, sea alguno en particular, sólo aspiraremos a ser una mala copia, un clon frustrado y o discriminado por no ser el original, o algo así. Vuelve a ser complicado, porque si miras a tu alrededor, encontrarás el modelo (por ser el aceptado por los demás) de mujer u hombre,  de padre, de hijo, de familia, de hermano, ya están todos elegidos; como si fueras hecho en serie, no hay que pensar mucho para deducir esto, lo que sobresale de este patrón, esta tomado como una anormalidad, rechazada en automático, sólo hay dos cosas por las que puedas destacarte, en esta sociedad, por dinero y por ser "bueno", para este último te determinan ciertos ejemplos de personajes (que no voy a decir, pero que seguro sabes de más de uno) donde sólo conoces de su vida, actos de bondad, cualquier otro rasgo de su personalidad, es eliminado, no vaya a ser que se te ocurra salirte del camino y tomes como referencia otra cosa y no la que te dictan.

            Entonces, el autoestima, es como el unicornio, hermoso, deseable, pero sólo imaginario, de este modo, por su puesto.  Cuando ya no intentes tener el reconocimiento, de nadie, o sea, que ya no te interese demostrarle a nadie, qué o cuánto tienes, sabes o haces;  que ya no esperes una palmadita en la espalda o el aplauso (no digo la estrellita en la frente porque suena muy pueril), pero es eso, esperar todo el tiempo a que te califiquen, que todo y todos tengan siempre  autoridad sobre ti; pues nada, el autoestima no subirá por más frases bonitas que repitas, conferencias a las que vayas, o cualquier otra cosa que se haga para lograrlo. Hasta que decidas a sólo pedir tu opinión (que viene siendo un permiso en realidad) para valorarte, tal y como eres o como quieres ser, sin más referencia que la tuya.