jueves, 15 de mayo de 2014
sábado, 10 de mayo de 2014
El útero, matriz divina o maldita
Creí muy importante, escribir
sobre la gestación; no sólo porque es el inicio de la vida, sino porque es
responsable de muchos inicios. Ahora con tantas corrientes, defensores morales
o amorales, de un u otro abanderamiento. Cuando decidieron legislar sobre el aborto, sólo se tomó en cuenta, si la mujer,
tenía o no, derecho a decidir sobre la
vida que llevaba. Sobre si se justificaba seguir con un embarazo. Sobre quién o
quienes debían ser señalados, pero todo se basaba en supuestos derechos de uno
u otro.
Bueno, de lo que hablaré, es algo que va
más allá de esta decisión. En qué momento el alma (espíritu, inconsciente,
etc.) llega a ese embrión, y éste empieza a grabar todo, es tal vez lo menos
importante. Este inicio de vida, que si se llega a completar, sean las
circunstancias que pasen para lograrlo, está supeditado a las emociones de la
madre, de las cuales, ninguna ley, ni marido, ni padres, ni sociedad, pueden hacer nada al respecto desde la
posición de los derechos. Sólo se le
tiene un poco de atención, tratada como ser de “cuidados” especiales,
tildándonos de incapacitadas, impedidas, casi como si fuera una enfermedad,
incluso así lo dicen: “ya se alivió”. Aclaro de una vez que soy madre, de tres
hijos, porque generalmente, los temas los desarrollan personas que no han
vivido la experiencia de lo que hablan, en mi caso no es así.
La protagonista de la creación del mundo
es la mujer y sus emociones, equilibradas o no; desde que es feto, sabe y lo
sabrá aunque nadie le diga; si fue deseado (cosa importantísima para el resto
de su vida), independientemente si después es querido, alimentado y mimado. La
impronta queda desde el instante mismo de saber que está embarazada, cómo
recibió la noticia, qué reacción o pensamiento se vino a la mente en ese
momento; de acuerdo a cualquier impacto
emocional se grabarán programas que después desarrollarán a lo largo de su
vida, como manera de resolver o sentir situaciones. ¿Qué
sentía la madre cuando fue procreado?, ¿Qué vivió durante la gestación? ¿Deseaba embarazarse? ¿Cuál era su intención o
la del padre? Todas estas emociones
quedan impregnadas en este nuevo ser, si la madre es amada o rechazada, si es
violentada, discriminada, abandonada, esclavizada, etc., ese nuevo ser vivirá como suyas todas esas
emociones y a ciegas, porque no sabe las circunstancias que vive la madre, para
él poder interpretarlas personalmente. Serán
completamente pasadas como ella las experimente, sean reales o imaginarias, eso no importa, el
inconsciente no sabe distinguir una de otra. Después
de nacer, incluso durante sus primeros
tres años, seguirá dependiendo y viviendo a través de la madre, o con quien se
identifique como tal. Por ejemplo,
algún alimento que le guste a la madre durante su embarazo, le irá bien al
bebé; un conflicto emocional, deja una
impronta igual que el alimento, una información de agrado o desagrado, que se guarda en la célula y se queda a
resguardo, para que cuando haya situaciones similares se detone de alguna manera. Aunado a la forma
en la que nace, va a tener un sentido en
cómo resolver situaciones durante su vida, el parto es la primer lucha para
sobrevivir, si necesitó asistencia (una cesárea), si tuvo complicaciones, si fue
muy tardío o rápido su llegada, si venía de nalgas, de pies.
¿Qué tanto cuidado, para no decir
amor, dará una madre a su recién nacido cuando ha sido abandonada? ¿Y cuando la
razón del abandono fue el propio embarazo? ¿Tuvo que perder algo al quedar preñada? Ellas tienen el poder sobre el
mundo, cada conflicto, traerá un proyecto que desarrollará a lo largo de su vida para resolver, aquello
que quedó grabado inconscientemente. Habremos de empezar a ver este proceso,
donde la asistencia a una mujer, sea más allá de un chequeo médico. Incluso, para las que en algún momento
desearon y buscaron quedar embarazadas. Todos llevamos esos mandatos, algunos de los cuales difícilmente los pueden
dejar e incluso forman parte del eje de su vida, más o menos complicados o difíciles, una biografía oculta. Pero, ¿Para qué sufrir
algo, que se puede evitar? La comunicación honesta y verdadera sobre los
propios sentimientos, le pueden dar más amor a sus hijos, que mil palabras
bonitas. Comprender es liberar.
martes, 22 de abril de 2014
El Desapego
El desapego, últimamente es una palabra, traída muy a la mano en artículos, consejos románticos, frases célebres y en el camino espiritual. Tan común su palabra como rara su aplicación. Es bastante cotidiano ahora, cuando te enlazas a una red social, que veas al menos en los primeros diez minutos, frases de superación, de libertad, de amor y el desapego es protagonista directa e indirectamente, porque a veces se habla de él, incluso sin mencionarlo. La acumulación de likes, es inminente y automática. Pero, fuera de ese mundo virtual, su protagonismo desaparece, ni siquiera se le toma como invitado casual.
Hay una situación que hay que entender, desapegarse, no es tirar todos tus afectos y efectos, para que de un momento a otro decidas vivir en la calle, sin nada (a menos que desees experimentar esto). Y tal vez ese malentendido es lo que haga que no se le pueda tomar y ejecutar como verbo. El desapego es más sutil, menos material e intangible, es un estado donde renuncias a lo que tienes, para cuando ya no esté contigo y lo tengas que dejar ir. Mientras lo vas a tener, disfrutar, gozar, como el día antes de anochecer, como la lluvia antes de salir sol. Vivir sabiendo que tienes todo, y a la vez no te pertenece nada.
Muchos anclajes, empiezan porque hay creencias, dichos limitantes que te obligan a permanecer en ese estado de miedo a la pérdida, por creer que nada lo puede sustituir, o por creer que es parte de un estado ideal; como por ejemplo, sonará muy trillado, la maternidad o paternidad, donde se creen que los hijos hay que traerlos pegados en pensamiento, las 24 horas del día, esto no sólo es patético sino neurótico. Si observamos el comportamiento de un niño natural, en el momento que ya no es un lactante; juega, convive, se relaciona, sin estar preocupado si su mamá ha comido, si su papá llegó a tiempo a trabajar; empieza a sentirse atado y culpable, cuando la madre o padre le adhiere a su amor “incondicional” la obligación de correspondencia; de te doy, siempre y cuando tú correspondas, Se inicia en el amor carente, condicionado e interesado. Empieza a saber que no puede ser merecedor de algo sin dar nada a cambio primero. “Si eres así, te quiero”; “si eres asado, te acepto”, “Estoy tan orgullosa de ti, por haber hecho lo que yo quería”. Se da cuenta de que para ser aceptado, tiene que prostituirse, no puede ser él, el verdadero no es aceptado, y es muy lindo sentir la aprobación, de la gente que amamos, así que lo repetimos, hasta que se hace un estilo de vida. Hago por compromiso, digo por compromiso, soy por compromiso.
La vida entonces, comienza a ser una colección de cosas ganadas. Cuesta trabajo conseguirlas y mantenerlas, porque ser muchas cosas a la vez, la mayoría impostando, es cansado. Los logros se sobre estiman, hay una carencia de saber si se logrará otra vez. Entonces aparece el apego, el aferrarse con todo a eso, conocido. Con el miedo latente de ser aceptado de nuevo. De tener que inventar otro u otros personajes admitidos.
Todo esto no sería necesario, y se tornaría hasta ridículo, porque al ser tú mismo, atraerás personas que son como tú, y no otras que aparentan ser lo que no son, no habría engaños. Pero todo surge desde tu casa, si la primera persona que no te acepta es mamá o papá, como puedes seguir adelante, ¿Qué es lo que aprendes entonces? A quedar bien con una tercera persona antes que tú, el mensaje implícito es “si las personas que más te aman, no te aceptan, que puedes esperar de los demás”, y después nos quejamos que no hay gente sincera. Cuando ser lo que uno es, siempre es lo más fácil, no tendrías que hacer nada extra. El desapego sería implícito en tu manera de vivir, sabiendo que tienes lo que necesitas siempre, y nada más. Valiente, viene de mantenerse fuerte, en su territorio (mente, cuerpo, ideología). Esto es para valientes.
viernes, 11 de abril de 2014
miércoles, 9 de abril de 2014
Creo...luego entonces lo vivo.
A mi parecer, creo que
sufrimos de una fuerte pérdida de la memoria, que cambia completamente (o casi)
de generación en generación, incluso enterrando creencias o información en el
olvido total. Me voy a enfrascar en un
solo tema, las cosas que nos dañan (o que lo creemos así).
Si comparo, tan sólo en la comida, las creencias al respecto, no
tenían nada que ver con las de ahora. Y
bueno, dirán, la ciencia, la investigación, nos cambia la perspectiva; pero
esto en lugar de beneficiarnos nos causa problemas. En la época de mis abuelos (no
nos vamos ir más lejos), dos generaciones atrás, se enfermaban porque creían
que los dañaba un mal aire, el mal de ojo;
que se reventaban las tripas, si te estirabas cuando comías; había una
que no me daba la cabeza para explicármela, la de que se te “pegaban” las
semillas o la piel de éstas en el estómago (¡con jugos gástricos que deshacen
carnes!) en fin, un montón de cosas que ahora o nos hacen reír o nos parecen
ridículas. El punto, es que lo creían firmemente, lo cual se cumplía
inexorablemente, si se daban todos los
requisitos; había combinaciones de comida que jamás se atrevían a mezclar, por
ser supuestamente dañinas, y ahora está de moda la comida de fusión, donde se
combinan ingredientes que jamás a nadie se le hubiera ocurrido, y entre más
original y raro sea, mejor.
El saber, como conclusión; nos llevaría a
tener más libertad de ser, hacer y deshacer, porque todas o casi todas esas
creencias sin fundamento, prácticamente han desaparecido; es muy raro, a menos que sea una persona muy
ignorante o incluso analfabeta, para que le escuchemos frases así. Ahora la
ciencia se ha encargado de llenarnos de otros miedos, sustituyendo los que
quedaron en el pasado. Con el peso de la ciencia por encima sobre las mitos que
ahora salen, a borbotones sobre, las vitaminas, algunos alimentos, el agua,
bueno, nos podríamos llevar hojas y hojas, hablando de cosas increíbles, dones o perjuicios que se le han colgado a
alimentos o sustancias, que antes, ni se nos hubiera ocurrido, pero que ahora
está “científicamente comprobado”, por lo tanto sin ningún miramiento, se le
toma como verdad absoluta. Aunque después aparecen en forma muy efímera o casi
silente, un interés oculto sobre cada mito. Como ha ocurrido con vacunas,
operaciones, que de pronto, se tornan “necesarias”, habiendo una empresa o más
detrás de todo esto, enriqueciéndose tan rápido como se crea la nueva “verdad”.
Con todo esto, han aparecido nuevas
tendencias alimentarias, tales como la ortorexia (obsesión por la “buena
alimentación”), vigorexia (obsesión por
el ejercicio), pararexia (obsesión por
el conteo de calorías), drunkorexia (restricción alimentaria para compensar el
consumo de calorías ingerido por bebidas alcohólicas), potomanía (obsesión por beber líquido para
saciar el apetito); sin dejar atrás, por supuesto la anorexia y la bulimia, que
son más reconocidas. Achancándole males o beneficios a algo que antes no lo
veíamos así. Con la locura de las curaciones mágicas, han aparecido cualquier
cantidad de plantas milagrosas, frutas o verduras con propiedades nunca antes
comprobadas, porque ya eran de uso común muchas, si es que no lo hemos
olvidado.
En gran parte, por no decir que se lleva
el crédito completo, el internet; ha sido el responsable de difundir información que
después se toma como verdadera, sin haberse siquiera molestado por ponerla en
duda, que creo yo, que es una gran
mayoría la que lo adopta así, muchas veces no hay fuentes que lo respalden, y
además hay que tener en cuenta, que cualquier persona puede publicar cualquier cosa, y ni siquiera se preguntan
para qué es esa nueva información o a quién beneficia. Una vez colgada en la red, no hay manera de
quitarla, su difusión es inmediata, infinita y rápida. Pero todo se reduce al poder que le damos o
no, al creerlo. Una vez aceptado como verdadero, pasará a ser parte de nuestras
posibilidades de vida. La decisión es siempre nuestra.
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