miércoles, 4 de junio de 2014
jueves, 29 de mayo de 2014
Vivir mi vida
Vivir mi vida es una frase tan
emblemática, inspiradora y gastada. Se oye increíble porque denota mucha
decisión, aunque, ¿realmente vives tu vida?
De primera instancia la mayoría contestaría que sí, a nadie le gusta
afirmar lo contrario, aunque sea de dientes para afuera.
Sin embargo, si tan sólo piensas en tus
creencias, tus valores o lo que llamas tuyos; tú no los elegiste, se te impusieron porque
naciste en una familia de tal o cual característica; preferencias culinarias,
políticas, sociales, olores, sabores, que dependen primeramente de la aprobación de tu entorno familiar, después
de tu municipio, o colonia, o país. En fin, que hasta ahorita, tu libre albedrío,
ha sido minimizado al mínimo; ahora que,
si eres de los que siguen las reglas, sería casi nulo.
Si te das el tiempo en este momento, para
desmadejar todo lo has vivido hasta hoy, te darás cuenta, que te pasan cosas
que no quieres que te sucedan, situaciones que se te repiten, personas, que si
no fueran por el nombre serían las mismas ¡claro! Dirás es la suerte, pero ¿Qué
es ella, realmente existe? Si partimos desde algo comprobable, como que el
Universo es información, y toda ella existe en ondas de interferencia; por principio nosotros somos parte de ello, la
diferencia en nuestra manifestación tangible como es nuestra vida, es que en
momentos nos convertimos en partículas y en otros, somos ondas de interferencia
con pura potencialidad. Explicado de
otro modo, que mientras estemos en ondas tenemos la potencialidad infinita para
manifestarnos, al convertirnos en
partículas (corpusculares) elegimos una de todas esas posibilidades ¿De qué
depende entonces, que algunos puedan manifestarse con oportunidades increíbles y otros no? Si todos partimos de la misma
fuente y con las mismas probabilidades.
En múltiples experimentos científicos, se
ha comprobado y por lo tanto aceptado, que las partículas mientras no son
observadas desaparecen y se desvanecen en la nada, sólo son movimiento, y se
les puede ver por la estela que dejan, pero cuando se les pone atención se
materializan. ¿Qué es lo que ve cada
observador? Todo depende de las expectativas, y éstas dependerán de tu
historia, porque no puedes esperar algo desconocido (estamos educados así),
esto sucede cuando declinas todas tus expectativas y entonces tienes el abanico
de posibilidades en tus manos. Salvo que, toda nuestra formación se basa en
movernos en circunstancias que nos sean familiares, para poder controlarlas,
difícilmente nos tiramos a ciegas, hasta hay dichos que nos lo marcan “más vale
malo conocido…”, más vale pájaro en mano…”, que nos condenan a lo “seguro”,
como si algo lo fuera, evitando así cualquier riesgo.
Nuestra vida es un entrenamiento, donde
tenemos además de una educación meramente condicionante, que basta con nuestra
infancia para lograrlo, después viviremos de acuerdo a esos parámetros. Se ha descubierto que nos rigen dos grandes
programas o proyectos. El Transgeneracional y
El proyecto sentido; de los cuales no elegimos ninguno. El proyecto
sentido se programa durante la concepción, gestación y los primeros 3 años de
vida. Donde se va a depender de las emociones y vivencias de mamá, alegrías,
tristezas, preocupaciones y los “no dichos” o secretos; que el bebé las vive como suyas, En esta
etapa se programan muchas enfermedades.
El Transgeneracional, un concepto usado
por la psiquiatría y psicología, del cual Freud, hablo algo de ello, aunque su
trabajo, se concentró en otras áreas. En
los 70´s, un grupo de psicólogos se reunía semanalmente para compartir sus
casos, María Torok, Nicolás Abraham y Anne Shutzenberger, a ésta última le
debemos el descubrimiento de “El síndrome de aniversario, a los dos primeros
“el fantasma”. Donde después de muchas
observaciones, y casos clínicos, se dio cuenta que repetimos la historia de
nuestros ancestros idénticamente, como si heredáramos roles, o conflictos. Lo
vio primero en ella misma, al repetirse entre las mujeres de su familia, la
muerte del hijo menor que era varón, y dos mujeres sobrevivientes. Combinación
repetida en tres generaciones sin cambio alguno. ¿Para qué ocurriría esto?,
seguramente para un fin determinado. ¿Qué pasa si no te das cuenta de que esto
te sucede? Si no lo puedes ver, mucho menos lo resolverás. ¿Cuántas veces no has dicho o has oído decir:
“yo no quiero ser como mi mamá/papá”? e irónicamente ves que tu vida se repite
idénticamente sin que lo puedas evitar. (Esto en primera instancia), cuando
entiendes el para qué tu repites esto, lo concientizas, ya no tiene razón de ser. Jodorowsky dice: “tener un árbol genealógico
es tu mayor tesoro”, porque en él podrás encontrar la respuesta a tus sin
sentidos, a tu mala suerte, en fin, podrás sanarlo fácilmente.
Esto, claro es un tema muy polémico,
porque estamos educados a ver todo de otra manera, y nuestro condicionamiento
es tan fuerte que no nos permite siquiera dudar de nuestros propios juicios o
conocimientos. La propuesta es empezar a crecer, a tomar la responsabilidad
absoluta de nuestra existencia, corpuscular, emocional y espiritual. El estar
consciente te abre una vida de libertad, donde puedes empezar a tomar
decisiones que sean tuyas realmente, salirte y romper el programa, sin condicionamientos, culpas o
remordimientos. Aprender a gestionar nuestras emociones y enseñar a los que nos
rodean a hacerlo.
martes, 27 de mayo de 2014
jueves, 15 de mayo de 2014
sábado, 10 de mayo de 2014
El útero, matriz divina o maldita
Creí muy importante, escribir
sobre la gestación; no sólo porque es el inicio de la vida, sino porque es
responsable de muchos inicios. Ahora con tantas corrientes, defensores morales
o amorales, de un u otro abanderamiento. Cuando decidieron legislar sobre el aborto, sólo se tomó en cuenta, si la mujer,
tenía o no, derecho a decidir sobre la
vida que llevaba. Sobre si se justificaba seguir con un embarazo. Sobre quién o
quienes debían ser señalados, pero todo se basaba en supuestos derechos de uno
u otro.
Bueno, de lo que hablaré, es algo que va
más allá de esta decisión. En qué momento el alma (espíritu, inconsciente,
etc.) llega a ese embrión, y éste empieza a grabar todo, es tal vez lo menos
importante. Este inicio de vida, que si se llega a completar, sean las
circunstancias que pasen para lograrlo, está supeditado a las emociones de la
madre, de las cuales, ninguna ley, ni marido, ni padres, ni sociedad, pueden hacer nada al respecto desde la
posición de los derechos. Sólo se le
tiene un poco de atención, tratada como ser de “cuidados” especiales,
tildándonos de incapacitadas, impedidas, casi como si fuera una enfermedad,
incluso así lo dicen: “ya se alivió”. Aclaro de una vez que soy madre, de tres
hijos, porque generalmente, los temas los desarrollan personas que no han
vivido la experiencia de lo que hablan, en mi caso no es así.
La protagonista de la creación del mundo
es la mujer y sus emociones, equilibradas o no; desde que es feto, sabe y lo
sabrá aunque nadie le diga; si fue deseado (cosa importantísima para el resto
de su vida), independientemente si después es querido, alimentado y mimado. La
impronta queda desde el instante mismo de saber que está embarazada, cómo
recibió la noticia, qué reacción o pensamiento se vino a la mente en ese
momento; de acuerdo a cualquier impacto
emocional se grabarán programas que después desarrollarán a lo largo de su
vida, como manera de resolver o sentir situaciones. ¿Qué
sentía la madre cuando fue procreado?, ¿Qué vivió durante la gestación? ¿Deseaba embarazarse? ¿Cuál era su intención o
la del padre? Todas estas emociones
quedan impregnadas en este nuevo ser, si la madre es amada o rechazada, si es
violentada, discriminada, abandonada, esclavizada, etc., ese nuevo ser vivirá como suyas todas esas
emociones y a ciegas, porque no sabe las circunstancias que vive la madre, para
él poder interpretarlas personalmente. Serán
completamente pasadas como ella las experimente, sean reales o imaginarias, eso no importa, el
inconsciente no sabe distinguir una de otra. Después
de nacer, incluso durante sus primeros
tres años, seguirá dependiendo y viviendo a través de la madre, o con quien se
identifique como tal. Por ejemplo,
algún alimento que le guste a la madre durante su embarazo, le irá bien al
bebé; un conflicto emocional, deja una
impronta igual que el alimento, una información de agrado o desagrado, que se guarda en la célula y se queda a
resguardo, para que cuando haya situaciones similares se detone de alguna manera. Aunado a la forma
en la que nace, va a tener un sentido en
cómo resolver situaciones durante su vida, el parto es la primer lucha para
sobrevivir, si necesitó asistencia (una cesárea), si tuvo complicaciones, si fue
muy tardío o rápido su llegada, si venía de nalgas, de pies.
¿Qué tanto cuidado, para no decir
amor, dará una madre a su recién nacido cuando ha sido abandonada? ¿Y cuando la
razón del abandono fue el propio embarazo? ¿Tuvo que perder algo al quedar preñada? Ellas tienen el poder sobre el
mundo, cada conflicto, traerá un proyecto que desarrollará a lo largo de su vida para resolver, aquello
que quedó grabado inconscientemente. Habremos de empezar a ver este proceso,
donde la asistencia a una mujer, sea más allá de un chequeo médico. Incluso, para las que en algún momento
desearon y buscaron quedar embarazadas. Todos llevamos esos mandatos, algunos de los cuales difícilmente los pueden
dejar e incluso forman parte del eje de su vida, más o menos complicados o difíciles, una biografía oculta. Pero, ¿Para qué sufrir
algo, que se puede evitar? La comunicación honesta y verdadera sobre los
propios sentimientos, le pueden dar más amor a sus hijos, que mil palabras
bonitas. Comprender es liberar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




